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Los cultivos de uso ilícito, la presencia de grupos armados ilegales, la pobreza y el desempleo, son problemas a superar para que llegue la paz.
El asesinato el pasado martes de José Jair Cortés, un líder del consejo comunitario Alto Mira y Frontera, vuelve a poner el foco sobre Tumaco, Nariño, una población que en tan solo 10 días ha sentido el recrudecimiento del conflicto armado, azuzado por diferentes factores que han hecho de este territorio un escenario de guerra y un laboratorio para la implementación del Acuerdo de paz.
José Jair era uno de los siete líderes amenazados de muerte y un denunciante de las afectaciones de las comunidades por los grupos armados, entre estas, las agresiones de la Policía y el Ejército en nombre de la erradicación que, el pasado 5 de octubre, dejó siete labriegos muertos en hechos que son materia de investigación. José Jair cayó baleado a las 5:00 p.m. en el sector la Y, zona central de Tumaco.
El asesinato del líder tumaqueño no fue el único asunto que encendió nuevamente las alarmas en Nariño. El ataque a un helicóptero militar que transportaba personal para adelantar tareas de erradicación y destruir...