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Poder regional, entre clanes familiares y nuevas alianzas

  • Álex Char (Atlántico); Odín Sánchez (Chocó); Bernardo, el “Ñoño” Elías (Córdoba); Richard Aguilar (Santander) y Dilian Francisca Toro (Valle del Cauca).
    Álex Char (Atlántico); Odín Sánchez (Chocó); Bernardo, el “Ñoño” Elías (Córdoba); Richard Aguilar (Santander) y Dilian Francisca Toro (Valle del Cauca).
Juan Manuel Flórez Arias | Publicado el 15 de enero de 2020
en definitiva

Los clanes regionales que salieron fortalecidos de las elecciones regionales de 2019 se perfilan como fuentes importantes de votos a nivel nacional de cara a los próximos años.

El nuevo mapa de gobiernos locales y regionales, establecido con las posesiones del pasado 1 de enero, sirve como un laboratorio de los grupos políticos con proyección para aspirar a ampliar su margen de influencia en 2022, y aquellos que quedaron relegados al plano regional.

Las elecciones de 2019 fueron un golpe sobre la mesa, principalmente, para la familia Char en el Atlántico. El clan que controla parte de la bancada de Cambio Radical, con 4 senadores y 4 representantes a la Cámara, conservó su dominio sobre la capital del Atlántico, y lo amplió a la Gobernación. Su figura más visible, además, Álex Char, salió de la alcaldía con una proyección nacional.

Otra que consolidó su dominio fue Dilian Francisca Toro, saliente gobernadora del Valle del Cauca, quien ubicó a Clara Luz Roldán como su sucesora y, aunque el ganador en Cali, Jorge Iván Ospina, no fue directamente su candidato, llegó a la alcaldía con la deuda por cuenta del respaldo que le dio Toro.

En Santander, los Aguilar recuperaron la gobernación, aunque la alcaldía de Bucaramanga les sigue siendo esquiva. En otras regiones, sin embargo, el panorama es distinto. Los clanes tradicionales, o bien sufrieron derrotas casi totales, como los Sánchez Montes de Oca en Chocó, o debieron conformarse con alianzas que no los ponen en el primer plano, como en el caso de “los Musa” en la gobernación de Córdoba.

Lo que será clave, en adelante, serán los vínculos que establezcan los ganadores en cada región. Por ejemplo, los recientes acercamientos entre la bancada de los Char y los Aguilar, algunos de cuyos miembros –Antonio Zabaraín y Richard Aguilar– compartieron esta semana un “almuerzo de agradecimiento” con el presidente Iván Duque que augura relaciones cordiales tendientes a alianzas electorales futuras.

Contexto de la Noticia

Protagonistas .

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Álex Char
Atlántico
La familia Char dio forma a su clan político con la influencia empresarial en una mano, la pauta publicitaria en la otra, y el escudo del Junior de Barranquilla en la camiseta. El clan que desde 2008 gobierna la capital del Atlántico, ratificó su poder en las elecciones de 2019 con la victoria de Jaime Pumarejo en la alcaldía y amplió su influencia a la gobernación al conseguir que Elsa Noguera llegara al cargo. Los Char, accionistas mayoritarios del Junior de Barranquilla y del grupo de supermercados Olímpica, ya eran relevantes políticamente en la región desde la década de 1980 con su actual patriarca, Fuad Char, pero el paso para que su familia se convirtiera en la mayor fuerza electoral de ese departamento –y del norte del país– lo dio su hijo, Álex, con su llegada a la alcaldía de Barranquilla en 2008. De acuerdo con Luis Trejos, analista de la Universidad del Norte, a partir de ese punto la familia encontró esa mezcla entre el poder concreto –económico y político– y el simbólico. Char hijo, de hecho, inauguró su primer mandato anunciando una contratación para el Junior: Giovanni Hernández. Durante su alcaldía, el equipo ganó 4 de los 9 títulos de su historia. Álex canalizó a través del deporte, de las grandes obras y de un estilo informal y cercano, un voto de opinión que han sabido complementar con su influencia sobre los medios de comunicación y los vínculos con el poder nacional, en especial con el líder de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, de quien se han distanciado en ocasiones, pero ahora se han vuelto a alinear. El crecimiento de la casa Char fue, de hecho, paralelo al ascenso de Vargas en el Gobierno de Juan Manuel Santos, hasta llegar a la vicepresidencia. Actualmente, los Char tienen uno de sus miembros en cada una de estas aristas que han construido durante más de una década: Álex sale de la alcaldía de Barranquilla dejando un sucesor y sonando para un posible ministerio y con proyección para aspiraciones electorales nacionales; Arturo se mantiene en el Senado por Cambio Radical como puente con Bogotá; y Antonio ejerce como presidente del Junior. Además, tienen cartas en el gobierno nacional como Karen Abudinen en la alta consejería para las regiones y una bancada clave con la que el Ejecutivo debe pactar reformas.
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Odín Sánchez
Chocó
Las elecciones de 2019 significaron la primera derrota del clan de los Sánchez Montes de Oca en este departamento en 20 años. Perdieron la gobernación con su líder natural, Patrocinio Sánchez, quien fue desplazado por el candidato producto de una alianza del liberalismo con Cambio Radical, el Partido Verde, los conservadores y otras fuerzas políticas: Ariel Palacios Calderón. El nuevo gobernador llegó gracias al apoyo de la estructura conocida como el cordobismo, en manos del gobernador saliente Carlos Alberto Palacios, con el respaldo del representante Nilton Córdoba Manyoma, quien tiene vínculos con el cartel de la Toga. En Quibdó, la capital, el panorama no fue mejor. Por tercer periodo consecutivo, el clan de los Sánchez Montes de Oca perdió la alcaldía de esta ciudad, que quedó en manos de Martín Emilio Sánchez, candidato respaldado por el Partido Conservador, en una alianza también con Cambio Radical, el Partido Liberal y la Alianza Verde. En el resto de municipios, los Montes de Oca también dieron tumbos: solo alcanzaron 8 de las 30 alcaldías del departamento, y entre las pérdidas se encuentran la de Itsmina y Riosucio, sus otrora enclaves electorales. Hasta hace un año, este escenario desfavorable para los Sánchez Montes no parecía una posibilidad. La casa venía recuperando su influencia luego del secuestro de Patrocinio, en 2013, y luego de Odín Sánchez, en abril de 2016, por parte del Eln. Esos episodios, que ocuparon la agenda nacional, fortalecieron a esta familia tradicional de la política chocoana, que cuenta con un historial de cargos de poder: Patrocinio fue alcalde de Quibdó entre 2001 y 2003, gobernador entre 2008 y 2010 y Odín fue representante a la Cámara en 1998 y repitió en 2006, aunque en 2011 fue condenado por parapolítica. Su maquinaria para las elecciones pasadas, sin embargo, no tuvo resultados. En octubre, en diálogo con EL COLOMBIANO, Odín Sánchez dijo estar “sorprendido” con el resultado, especialmente con la derrota en Quibdó. Cuando en 2010 Patrocinio dejó la gobernación para cumplir su condena ante la Corte Suprema por apropiación, los Sánchez Montes de Oca creyeron que su poder regional quedaba en pausa, pero el balance de las últimas elecciones demuestra que un emporio político abandonado durante una década no regresa tan fácil.
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Bernardo, el “Ñoño” Elías
Córdoba
En Córdoba poco queda de las viejas hegemonías. La dupla Musa-Ñoño, el clan político liderado por los exsenadores Musa Besaile y Bernardo el “Ñoño” Elías, se desplomó con la captura de ambos; el primero por el pago de sobornos para frenar investigaciones por supuestos nexos con parapolítica, lo que lo llevó a la pérdida de investidura dictaminada por el Consejo de Estado, y el segundo por una condena por sus vínculos con el caso de corrupción de Odebrecht. Con ellos fuera del mapa político, la disputa por la alcaldía de Montería y la gobernación de Córdoba, que había estado en manos de “los Ñoños” desde 2011, cambió de protagonistas. En la Gobernación, la victoria fue para el Partido Liberal, el ala liderada por el senador Fabio Amín, quien se impuso con su candidato Orlando Benítez al candidato del Centro Democrático Carlos Gómez. La disputa por este cargo también dividió a los antiguos aliados: los “Ñoños”, quienes no cuentan con representación en el Congreso, apostaron por el aspirante del Centro Democrático, mientras que Jhony Besaile, hermano de Musa y ficha restante del clan familiar en el Congreso, se decantó por Benítez, junto con un sector disidente de los Ñoños –liderado por el representante José Tous– y la tercera fuerza del Partido de la U en el departamento, en cabeza del representante Erasmo Zuleta. En la alcaldía, el gran ganador fue el sector del senador conservador David Barguil, quien se desligó de sus antiguos aliados, los García Burgos, rompiendo con la que fuera su madrina política, la senadora Nora García, y aspiró con un candidato propio: Carlos Ordosgoitia. Así, la hegemonía de los García Burgos de 12 años en Montería se rompió. Pero como explica el consultor político que participó como estratega en las campañas de Benítez y Ordosgoitia más allá de los pulsos, y los ganadores y vencidos producto de estos, el panorama en Córdoba está lejos de ser el de la hegemonía de un grupo. La salida de la llamada “Ñoñomanía” del mapa electoral abrió un tablero político que aún está definiéndose.
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Richard Aguilar
Santander

La herencia política detrás del recién posesionado gobernador de Santander, Mauricio Aguilar, se remonta hasta un episodio clave en la historia de Colombia: el operativo que dio muerte de Pablo Escobar. El apellido Aguilar no estaba asociado con las elecciones en este departamento hasta finales de la década de los noventa, cuando apareció en la escena un general retirado del Ejército, Hugo Aguilar, elegido diputado por un movimiento independiente y quien cargaba en su historial con una foto posando junto al cadáver del jefe del Cartel de Medellín, como miembro del Bloque de Búsqueda que lo acorraló. Parte del éxito inicial de su incursión en la política, de acuerdo con Julio Acelas, coordinador del Observatorio Ciudadano de Santander, tiene que ver con ese antecedente. Aunque, agrega, un segundo factor que decantó el ánimo político para llevar luego a Hugo Aguilar a la gobernación en 2003 fue el desencanto de los electores con el partido tradicional en esa región, el Liberal, cuyas figuras se vieron implicadas en el proceso 8.000.

Tras su periodo en la gobernación los hijos de Aguilar ampliaron la influencia del clan familiar: Mauricio, el mayor, llegó al Senado en 2010 y Richard fue electo Gobernador en 2012. Actualmente, curiosamente, los hermanos han intercambiado roles y es el menor quien está en el Congreso. Como explica, Acelas, una de las grandes banderas de los Aguilar han sido las obras turísticas, como el Ecoparque Cerro del Santísimo, y el Parque Nacional de Chicamocha, así como la popularidad del apellido por obras en varios municipios pequeños del departamento. Sin embargo, su poder está ensombrecido por la condena que en 2013 emitió la Corte Suprema de Justicia contra Hugo Aguilar, por pactar con grupos paramilitares el respaldo a su primera campaña a la gobernación. Los resultados recientes han demostrado que, pese a esto, los Aguilar mantienen su influencia a nivel departamental, aunque sin grandes aliados a nivel nacional como sí sucede, por ejemplo, con los Char.

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Dilian Francisca Toro
Valle del Cauca
Hoy, no hay un nombre políticamente más relevante en Valle del Cauca que el de Dilian Francisca Toro. La saliente gobernadora consiguió mantener su línea política en el cargo, con la nueva mandataria del departamento, Clara Luz Roldán; estableció una alianza con el alcalde ganador en Cali, Jorge Iván Ospina, y de acuerdo con congresistas del Centro Democrático y analistas políticos, está en el sonajero para ser nombrada como Ministra de Salud por el presidente Iván Duque, debido a su trayectoria en este sector. La carrera política de Toro es un ir y venir entre la influencia regional y la nacional. Comenzó por lo local, como concejala y alcaldesa de su municipio natal, Guacarí, y luego como secretaria de salud de la Gobernación del Valle, aliada con el Partido Conservador. Pero su mayor capital político lo obtuvo durante su década como senadora, entre 2002 y 2013, primero por el Partido Liberal, y luego con el Partido de la U, donde se perfiló como una de las voces claves del sector salud y consolidó una bancada que, en 2018, llegó a 5 parlamentarios, un senador y 4 representantes. Como señala Juan Pablo Milanesse, profesor de ciencia política de la Universidad Icesi, de Cali, Toro asienta su poder en “vínculos con gerencias de hospitales, cadenas de distribución de insumos”, así como su gestión en este campo, como la ley que puso el cáncer dentro de la atención prioritaria y el rescate del hospital universitario del Valle mientras fue gobernadora. En las pasadas elecciones, además del triunfo con Roldán, Toro quedó con un balance de 9 alcaldías ganadas por sus candidatos sin coalición, entre ellas grandes municipios como Tuluá, y otras 9 en conjunto con otros movimientos políticos. Milanesse destaca que el éxito político de Toro radica, en gran medida, en esa capacidad de pactar con rivales políticos con menor caudal que el suyo, pero relevantes en la región. Esa facilidad para las alianzas sin embargo, a veces le ha jugado en contra, pues algunas investigaciones han tocado a sus cercanos. Es el senador José Ritter López, al que la Fiscalía le imputó cargos por una presunta violación del régimen de inhabilidades en una contratación; y uno de los alcaldes de su línea, Manuel Santos Carrillo, está detenido acusado de corrupción. Pese a eso, los hechos recientes, y el análisis de los expertos coinciden en que el poder cosechado durante los últimos años en el ámbito regional sería impulso suficiente para retomar la carrera que pausó a nivel nacional con su gobernación.
Juan Manuel Flórez Arias

Periodista de la Universidad de Antioquia. Creo que es bello dedicarse a leer el mundo, a buscar los trazos que dan forma a esa figura punteada. Creo en los párrafos borrados, en las conversaciones obsesivas, en las palabras que buscamos y, a veces, encontramos.

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