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¿Por qué un feminicidio no es igual a un homicidio?

  • Entre 2014 y 2017 Medicina Legal reportó 531 feminicidios en Colombia en donde el agresor fue la pareja o expareja de la víctima. Foto: Edwin Bustamante Restrepo
    Entre 2014 y 2017 Medicina Legal reportó 531 feminicidios en Colombia en donde el agresor fue la pareja o expareja de la víctima. Foto: Edwin Bustamante Restrepo
Juan Diego Quiceno | Publicado el 24 de noviembre de 2020

La ley Rosa Elvira Cely (2015) reconoció el feminicidio como un delito autónomo en Colombia. ¿Por qué se hizo necesaria? ¿Por qué no existe el “hombricidio”? Respondemos todas sus dudas.

El feminicidio entró a la legislación colombiana en 2015, con la sanción de la ley Rosa Elvira Cely que lo creó como un delito autónomo del homicidio, un delito que afecta discriminatoriamente a las mujeres por su condición de mujeres y el rol que la sociedad les impone.

En su artículo 2, la ley define unas circunstancias que delimitan aún más el feminicidio. Entre ellas menciona que el presunto victimario tenga alguna relación familiar, íntima o de convivencia con la víctima; o que haya ejercido sobre el cuerpo y la vida de la mujer “actos de instrumentalización de género o sexual”.

¿Cómo llegó el Estado a la conclusión de que bajo estas circunstancias (y otras) el asesinato de una mujer no es solo un homicidio? Que en Colombia asesinan a hombres y a mujeres es una realidad dolorosa y evidente en las cifras de Medicina Legal. En 2017 (los datos con un consolidado más profundamente desglosado) más de 11 mil personas perdieron la vida de esa forma en el país. De ellas, el 91,1% fueron hombres.

Vea aquí el especial sobre violencia contra la mujer: Ellas soy yo

El Estado ha avanzado en determinar cómo son asesinados los hombres en Colombia. La gran mayoría, según revelan año tras año los informes de Fiscalía y Medicina Legal, son asesinados por desconocidos, en la vía pública, a través de armas de fuego y en circunstancias de violencia interpersonal. Saber eso permite tomar medidas preventivas y de castigo.

Conocer el patrón del delito permite comprender qué hay detrás de ese asesinato. En ese mismo propósito, el análisis consolidó un patrón distinto en el asesinato de mujeres. A ellas las matan en condiciones diferentes.

En 2017, por ejemplo, el 74.67% de los presuntos asesinos de los hombres fueron personas desconocidas para las víctimas. En las mujeres ese porcentaje se redujó al 47,64%. Es decir, un mayor porcentaje de los presuntos victimarios de las mujeres, las conocían. De hecho, en 2017 el 30.94% de los presuntos asesinos de mujeres fueron su pareja o su ex pareja. Esa cifra en el caso de las víctimas hombres fue de 0.89%.

Las diferencias entre el patrón de homicidio de mujeres y hombres se siguen al revisar en qué lugar se cometieron esos delitos. Mientras casi el 40% de las mujeres asesinadas murieron en su vivienda, el porcentaje de homicidio de hombres en ese lugar fue del 13.17%. La información reveló grandes diferencias en más indicadores sobre los patrones de asesinato de hombres y mujeres.

Esto comenzó a cuestionar el diagnóstico que el Estado hacía del asesinato de mujeres en el país y puso la lupa sobre la violencia intrafamiliar, una violencia doméstica que sucede al interior de las familias. Al indagar aún más, las autoridades judiciales encontraron que la infidelidad y los celos eran dos de los móviles más recurrentes de estos delitos contra las mujeres.

La penalista Helena Hernández explica que justo allí se hace evidente uno de los criterios más importantes para definir por qué un homicidio de una mujer puede ser un feminicidio. “Hay un elemento de discriminación”. Detrás de esa discriminación el Estado identificó una estructura mucho mayor.

¿Por qué ser infiel es más “castigado” en una mujer que en un hombre? Medicina Legal responde esta pregunta en una guía que publicó en 2016 para la atención de muertes con sospecha de feminicidio: “A través de la muerte violenta se pretende perpetuar los patrones que culturalmente han sido asignados a lo que significa ser mujer: subordinación, debilidad, sentimientos, delicadeza, feminidad”.

“Ser mujer en esta sociedad significa ser fiel, cuidar los hijos, tenerle la comida al esposo. Cuando una mujer no cumple ese rol y muere por eso, estamos hablando de feminicidio. Ella murió porque no hizo lo que la sociedad esperaba que hiciera”, anota Hernández.

Entre 2014 y 2017 Medicina Legal reportó 531 feminicidios en Colombia en donde el agresor fue la pareja o expareja de la víctima. Este es el patrón de delincuencia de esos feminicidios.

Todos estos factores le permiten al Estado reconocer la diferencia de la violencia que se ejerce contra hombres y mujeres y con base en esa diferencia, plantear políticas públicas que ataquen el orígen de esa violencia.

Juan Diego Quiceno Mesa

Periodista de la Universidad de Antioquia con estudios en escritura de guión de ficción y no ficción.


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