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La vida de la familia trans que se volvió una película

Max Castellanos y Daniela Maldonado narran además sus experiencias como activistas trans en el país. Todo lo cuentan en la película Transfariana.

  • Max Castellanos y Daniela Maldonado, protagonistas de Transfariana. FOTO Cortesía
    Max Castellanos y Daniela Maldonado, protagonistas de Transfariana. FOTO Cortesía
  • Daniela y Max son dos activistas trans que llevaron sus experiencias de vida al cine. Las cuentan en la película Transfariana. FOTO Cortesía
    Daniela y Max son dos activistas trans que llevaron sus experiencias de vida al cine. Las cuentan en la película Transfariana. FOTO Cortesía
  • Laura Zamora durante el esteno de la película Transfariana. FOTO Cortesía
    Laura Zamora durante el esteno de la película Transfariana. FOTO Cortesía
05 de noviembre de 2023
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Vivir la paternidad en su propio cuerpo fue para Máximo Castellanos una reconciliación con su útero, su vagina y sus senos. Fue además una manera de comprender esa otra forma de ser hombre. De ser un hombre trans. A los 25 años se convirtió en el papá de Luciana, una niña que le infla el corazón de orgullo y lo sorprende a diario por su manera de ver el mundo. Su hija le cambió la vida para siempre.

Para mí fue muy impactante caer en cuenta que yo puedo significar vida y que no todo es muerte, marginalidad, pobreza, que podíamos tener una tribu. Fue una enseñanza, un deseo que llegó como una sorpresa y nos mostró que sí es posible”, dijo Max.

En el carné de vacunación de Luciana aparece registrado su papá Max y no su mamá Daniela Maldonado. Max y Daniela son dos activistas trans que llevaron sus experiencias de vida al cine. En la película Transfariana, del director francés Joris Lachais y que hace poco se estrenó en Colombia, se retrata la forma de resistencia de esta familia bogotana. Una resistencia que incluso les permitió liberarse de los entornos más hostiles.

La llegada de Luciana no fue planeada, pero sí muy deseada. No la planearon por tener vidas atravesadas por la discriminación, los prejuicios y los riesgos. Tenían claro que formar una familia diversa es difícil, por lo que no era una realidad cercana. Luciana ya tiene cinco años y un padre y una madre que la aman. Todo ha sido como una revelación.

Daniela tiene 35 años y cuando era más joven en sus planes no estaba ni ser madre ni tampoco convertirse en lideresa social. Solo quería ser ella: una mujer trans. En pararse duro para ser nombrada y reconocida, sin embargo, en 2012 terminó cofundando la Red Comunitaria Trans (RCT) en el barrio Santa Fe, de Bogotá, luego de pasar tantas situaciones de vulnerabilidad, exclusión, riesgo y violencia. Así se fue construyendo para llegar a lo que es en la actualidad.

Ser una lideresa social en Colombia es una sentencia de muerte. Y ser travesti, pobre, mujer y puta también. Entonces realmente se vive en el miedo a que mi liderazgo pueda ser visto como una piedra en el zapato por denunciar, visibilizar y hablar”, dijo.

En el rol de mamá está viviendo otro tipo de aprendizajes. Uno es el desromantizar cómo funcionan las familias o el deber ser de las familias. También a sanar la relación con su propia historia, su mamá, a dimensionar los sacrificios y formas de cuidado.

Daniela y Max son dos activistas trans que llevaron sus experiencias de vida al cine. Las cuentan en la película <i>Transfariana</i>. FOTO Cortesía
Daniela y Max son dos activistas trans que llevaron sus experiencias de vida al cine. Las cuentan en la película Transfariana. FOTO Cortesía

“Uno llega a un punto en el que se deshabita a sí mismo, se deja de ser persona y solo se es mamá o papá y ya, es duro, pero se entiende la importancia de generar vínculos en este proceso de crianza”, dijo.

Cuando Daniela no está con sus compañeras de la RCT o dictando talleres, se reúne con su banda de punk Radamel 666 donde es la vocalista.

En el caso de Max, todas las mañanas lo primero que hace es meditar, después prepara el desayuno y la lonchera de su hija, despierta a Luciana, la organiza y la lleva al jardín. Luego sigue para el trabajo, es realizador audiovisual. En los tiempos libres le gusta ir a caminar a las montañas y escalar. Son sus maneras de despejar la mente.

“Yo medito porque en mi vida tengo que pelear mucho. Una realidad que habitamos las personas trans es que constantemente tenemos que estar justificando, discutiendo y siento que eso es agotador”.

Y ese agotamiento al que se refirió se debe en gran medida a que desde la vida misma para él es duro ser una persona trans. También porque “nos toca pasar por unos lugares de vulnerabilidad social que hacen que sea más difícil, por ejemplo, acceder a un trabajo y sostenerlo”.

Otro tema del que Max habló es la lucha por el reconocimiento de los cuerpos trans. Dijo que los cuerpos, todos, tienen el derecho a habitar, a coexistir, a encontrarse. Que tienen el derecho a la vida, a vivir, pero la realidad es muy distinta. “Me parece muy complejo que estemos en una sociedad donde hay seres a quienes se les desea la muerte. El hecho de no desearnos en términos de los imaginarios sociales y colectivos afecta nuestra realidad porque significa que no existimos”.

Transfariana participó en festivales importantes como el San Sebastián en España. Transfariana no es solo una película, es un viaje emocional y una reflexión sobre un amor inquebrantable como el de Máximo y Daniela, y el resto de protagonistas valientes.

“Espero que las personas que he filmado sean una inspiración. Son personas que han vivido situaciones extremas, que han tenido que luchar por su identidad, por su libertad, por su dignidad, y que han encontrado una forma de resistir y de construir algo nuevo”, puntualizó el director Lachais.

Laura Zamora, otra de las protagonistas

Laura Zamora durante el esteno de la película <i>Transfariana</i>. FOTO Cortesía
Laura Zamora durante el esteno de la película Transfariana. FOTO Cortesía

Transfariana es además el testimonio de lucha social y amor de Jaison Murillo y Laura Zamora, una pareja cuyos caminos se cruzaron en un contexto inusual: la cárcel La Picota de Bogotá, donde actualmente ella paga una condena de 53 años (lleva 13), la más larga impuesta a una mujer trans en América Latina, luego de ser detenida en 2010 en relación con un caso de estafa organizada.

Después del estreno especial de la película en el Bogota International Film Festival (BIFF), la producción de la cinta y el colectivo Cuerpos en Prisión, Mentes en acción (proyecto de la Red Comunitaria Trans) se unieron para impulsar una recolecta (vaki.co/es/vaki/justiciaparalaura) que permita contratar a un grupo de abogados que apelen la condena basada en la discriminación de género y presentarlo ante la Corte Constitucional de Colombia y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Los recursos también servirán para pagar los estudios de Laura.

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