En el circuito de la música sinfónica, Gustav Mahler es una leyenda. A pesar de ocupar puestos de importancia en Viena y Nueva York, el compositor fue un incomprendido para la mayoría de sus coetáneos. Una vez muerto, sus obras –exigentes para los intérpretes y que requieren orquestas grandes– tuvieron un eclipse hasta que algunos de los directores sinfónicos más conocidos del siglo XX las sacaron del olvido.
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A Mahler lo interpretaron Leonard Bernstein, Herbert von Karajan y Claudio Abbado, entre otros. Es decir, ante Mahler hay que quitarse el sombrero, tratamiento reservado a los genios que ha habido en el mundo.
Este martes 11 de agosto, a las 7:00 p. m., la Orquesta Filarmónica Joven de Colombia tocará en el Teatro Metropolitano la Quinta de Mahler, bajo la dirección del maestro chileno Paolo Bortolameolli.
Para él, acercarse a Mahler implica entrar en una música de grandes contrastes. El compositor es conocido por las dimensiones de sus orquestas y por la complejidad técnica de sus partituras, pero el director considera que su atractivo no está únicamente en la cantidad de músicos que participan. Mahler, explica, tiene la capacidad de utilizar esas grandes fuerzas orquestales de manera cambiante, combinando momentos de gran intensidad con pasajes sutiles y cercanos a la música de cámara.
“Mahler tiene una paleta amplísima de colores”, dijo Bortolameolli. Esa variedad permite explorar las posibilidades de cada instrumento y, al mismo tiempo, establecer diálogos entre distintas secciones de la orquesta. Para el director, una de las características de Mahler es su conocimiento de las capacidades de los instrumentos, incluso cuando los lleva hasta sus límites técnicos.
En el caso de la Orquesta Filarmónica Joven de Colombia, ese desafío adquiere una dimensión particular. Bortolameolli ya había trabajado con la agrupación hace ocho años, cuando dirigió la Décima Sinfonía de Dmitri Shostakóvich. La orquesta que encontró ahora está integrada por nuevos músicos. Sin embargo, encuentra un elemento común: el talento y el compromiso de los jóvenes intérpretes. El proceso de preparación incluye el trabajo con músicos invitados, el director asistente y el director encargado de la gira, además de jornadas de ensayo en las que, según Bortolameolli, se puede observar una evolución constante.
El director destaca especialmente la entrega de los músicos durante ese proceso. Asegura que el trabajo permite ver cómo la obra se va construyendo y perfeccionando ensayo tras ensayo. El resultado, sostiene, es una orquesta que alcanza un nivel alto de ejecución y que mantiene una relación directa con la música. “Estoy emocionado, agradecido y orgulloso de lo que estos chicos le van a mostrar al público”, afirmó.
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