Todos los hijos del matrimonio González Toro tienen un nombre que inicia con la S. En orden de mayor a menor son Saray, Susana, Salomé, Seleste, Sol, Sorangie, Santiago, Samuel, Sofía, Samara y Selena. Salomé, de 20 años, dice que sus padres escogieron esos nombres con un sentido: el de infundirles los valores de la santidad, la sabiduría y la solidaridad. Hay otro rasgo que comparten estos hermanos: todos pasaron o están en las clases de la Red de Escuelas de Música de Medellín, en la sede de Villatina.
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Hace tres años, las cuatro mayores crearon el grupo Acordes Divinos. Cada una interpreta un instrumento de cuerda: Susana toca el contrabajo, Seleste la viola, Salomé el violonchelo y Saray el violín. Hasta ahora, Acordes Divinos se ha presentado en eventos religiosos (bautizos y bodas), además de eventos sociales de carácter familiar. Acordes Divinos tiene un repertorio que incluye piezas del folclore colombiano y algunas de las músicas sinfónicas actuales. Por ejemplo, el día que EL COLOMBIANO las visitó en la Casa de la Cultura Las Estancias ensayaban Oblivion, de Astor Piazzola; Palladio, de Karl Jenkins y un Mosaico decembrino.
Todas iniciaron su formación musical al mismo tiempo. Saray recuerda que tenía cerca de 12 años cuando ingresó a la escuela y que cada hermana eligió el instrumento que interpreta actualmente. En ese momento no contaban con instrumentos propios, por lo que la Red les prestaba los que utilizaban para estudiar y ensayar. Las primeras presentaciones se dieron en el seno del hogar. En el Día de la Madre, el Día del Padre o los cumpleaños interpretaban piezas musicales para sus padres y familiares. También comenzaron a participar en las misas de la Parroquia El Salvador.
Con el tiempo, personas que las escuchaban empezaron a invitarlas para acompañar matrimonios, primeras comuniones y otras ceremonias. Ese interés hizo que decidieran crear una agrupación con nombre propio para atender las solicitudes que llegaban por recomendación de quienes ya las habían visto. Así nació Acordes Divinos, un proyecto que en el que también participan los hermanos Julián y Mateo Alzate y Ana Céron.
Aunque la música ocupa un lugar importante en sus vidas, cada una ha seguido caminos diferentes en su formación académica. Saray es periodista, Susana está en octavo semestre de Medicina, Salomé estudia Atención Prehospitalaria y Seleste comenzó la carrera de derecho. Para ellas, el proyecto también ha fortalecido la relación familiar. Explican que compartir ensayos, presentaciones y reuniones musicales les ha permitido mantenerse unidas a pesar de las diferencias que, como en cualquier familia, surgen con el paso del tiempo.
Reconocen que entre hermanos existen discusiones, pero aseguran que sus padres siempre les enseñaron la importancia del perdón y la reconciliación. También consideran que crecer en una familia numerosa les ha permitido apoyarse mutuamente en distintas etapas de la vida.
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Durante la conversación, las hermanas describieron las cualidades que identifican en cada integrante del grupo. Señalaron que Seleste tiene la chispa del humor, Salomé representa la fortaleza, Susana se encarga de la organización y la coordinación de la agrupación, mientras que Saray ejerce su papel de hermana mayor al cuidar y aconsejar a las demás.
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