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La Siempreviva: 30 años de la obra de teatro más icónica del país

Esta obra fue escrita y dirigida por Miguel Torres, y hoy después de tantos años regresa a las tablas.

  • Una de las escenas de la obra de teatro La SiempreViva. Foto: Centro de Artes Delia Zapata
    Una de las escenas de la obra de teatro La SiempreViva. Foto: Centro de Artes Delia Zapata
03 de abril de 2024
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Una de las obras más importantes de la historia del teatro colombiano, La Siempreviva, cumple 30 años desde su lanzamiento, y para celebrarlos, volverá con la mayor parte de su elenco original.

Del 9 al 14 de abril, en el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella de Bogotá se realizará la conmemoración de esta icónica obra, escrita y dirigida por Miguel Torres.

Un icónico drama que retrata los eventos en torno a la toma y retoma del Palacio de Justicia en 1985, vuelve al escenario con su elenco original, entre ellos Carmenza Gómez, Pablo Rubiano, Lorena López, Jorge Herrera, Mauricio Goyeneche, Jenny Caballero y Miguel Torres, quienes estarán en escena en la Sala Delia Zapata de Bogotá presentando seis funciones hasta el 14 de abril.

La Siempreviva se estrenó en 1994, nueve años después de los trágicos sucesos que sacudieron a Colombia. Torres, tras una exhaustiva investigación sobre lo ocurrido aquellos días, logró plasmar una historia narrada desde la voz de la ciudadanía colombiana en medio de la violencia política que marcó esa época.

Inspirado en el cuento La casa del libro Los oficios del hambre, escrito por el propio Torres, y el libro Noche de lobos de Ramón Jimeno, el dramaturgo se propuso dar voz a los relatos de la historia colombiana a través de personajes cercanos. Fueron dos años de una docena de versiones alimentadas por artículos periodísticos, libros, material de archivo, entrevistas, y de conversaciones con personajes como Eduardo Umaña Mendoza, abogado de los familiares de los desaparecidos del Palacio de Justicia.

Gracias a Umaña se da uno de los momentos más conmovedores en la creación de La Siempreviva, el encuentro de Torres con la familia Guarín, cuyo testimonio sobre la desaparición de Cristina del Pilar Guarín Cortés, hija de Doña Elsa y Don José Guarín, una de las víctimas del Palacio de Justicia, tocó profundamente al director y permitió nutrir la historia de la protagonista de la obra que Torres había creado: Julieta Marín.

“No me propuse contar la vida de Cristina, pues ya había escrito la obra prácticamente. Tenía, eso sí, algunos vacíos dramatúrgicos, entre ellos a Julieta Marín: un personaje de ficción que trabajaba en el Palacio de Justicia, en la cafetería. Entonces, apareció la presencia maravillosa de Eduardo Umaña Mendoza. Gracias a él fui a visitar a la familia Guarín, hablé con Doña Elsa y con Don José, los padres. Ellos me llevaron al cuarto de Cristina y me dejaron ver desde afuera cómo lo dejó ella ese día de noviembre”, cuenta Torres. Así, Cristina del Pilar se metió en la piel de Julieta.

Para Lorena López, actriz del elenco original que interpreta a Julieta Marín, el trabajo de Torres es un testimonio de rigurosidad y compromiso artístico. “Usualmente pasa un tiempo largo para poder ver lo que sucedió realmente, pero aquí fueron nueve años. Nueve años y Miguel ya estaba investigando y, con mucha seriedad, dándole una salida artística, expresiva y creativa a esta historia”, comenta López.

Además de su éxito en el teatro, La Siempreviva ha trascendido formatos. En el año 2010, la editorial colombiana Tragaluz publicó una versión del libreto y en 2015 fue llevada al cine por el director Klych López. También ha cruzado fronteras. “La última vez en Buenos Aires, Argentina, nos recibieron las abuelas de la Plaza de Mayo. Fue conmovedor y fuerte. Nos decían las abuelas: ‘la historia en Latinoamérica es igual en todas partes’”, recuerda Pablo Rubiano, actor que encarna en la obra a Humberto, hermano de Julieta.

La historia que narra Torres, transcurre entre junio de 1985 y noviembre de 1986. El argumento no parte, sin embargo, de la toma y la retoma, sino que dicho acontecimiento ‘irrumpe’ en una historia que se desarrolla, con situaciones, personajes y conflictos paralelos, dentro de una casa del barrio La Candelaria en Bogotá. Precisamente, la cotidianidad inicial, trabajada con humor e ironía, se va transformando en el drama individual de cada inquilino y, principalmente, en el drama de una madre desesperada que lucha con todas sus fuerzas por recuperar a su hija, hasta acabar devorada por el infierno de la locura.

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