Despertar la curiosidad científica desde la niñez y demostrar que el interés por la belleza y la ciencia pueden convivir en armonía. Ese es el propósito central de Bruna y su mundo atómico, un nuevo libro infantil ilustrado, creado por la ingeniera paisa Alejandra Mesa González.
A través de las aventuras de una niña de ocho años, la obra se desarrolla como una herramienta educativa que busca inspirar a las nuevas generaciones a hacerse preguntas sobre su entorno y encontrar respuestas en el conocimiento.
El proyecto, que se lanzó hace una semana de manera independiente, surgió mientras la autora cursaba sus estudios de maestría y decidió tomar un curso sobre creación de literatura infantil.
“Bruna nace de querer crear un referente para mí misma cuando yo era chiquita”, explicó Mesa, quien relata que su objetivo principal era diseñar el personaje de una “diva científica” que le demostrara a las niñas que es posible interesarse tanto por los laboratorios como por el maquillaje. El nombre de la protagonista, Bruna, proviene de una preferencia personal que la autora guardaba desde su niñez.
La ciencia detrás de la historia
La trama del libro sigue a Bruna, una pequeña inventora apasionada por la química y la robótica. En la historia, Bruna utiliza un laboratorio propio para crear a Huda-Bot, una robot maquilladora que nace de la combinación de los talentos de sus padres: la robótica de su papá y la química cosmética de su mamá.
Puede leer: 1 de cada 3 estudiantes en Medellín se gradúa sin las habilidades básicas de comprensión lectora, ¿qué pasa?
Cuando Bruna se entera de que su mejor amiga, Abi, está teniendo un día triste, decide visitarla para animarla utilizando la ciencia. A través de esta historia, el libro introduce a los lectores infantiles en conceptos químicos reales y fundamentales. Explica, de manera didáctica, qué son los átomos y la tabla periódica, por qué los objetos tienen color gracias a la reflexión de la luz, y cómo funcionan las moléculas que nos permiten percibir los olores.
Los inventos de Bruna incluyen un “atomizador de estrellas” que explica el reflejo de la luz, un rubor que cambia de color con la temperatura de la piel para detectar emociones, y un perfume comestible. Al final de la aventura, la protagonista comparte una receta para que los niños puedan haver su propio experimento práctico en casa.
Diseño e ilustración: color para combatir las pantallas
Uno de los aspectos más destacados de Bruna y su mundo atómico es su diseño visual, el cual estuvo a cargo de la ilustradora Ana Amaya. El libro, editado en formato de tapa dura, cuenta con ilustraciones vibrantes llenas de tonos rosados, morados y texturas de animal print, elementos que reflejan la personalidad y los gustos de la autora.
Según Amaya, el proceso de ilustración requirió meses de trabajo para lograr unir el rigor de la ciencia con el atractivo visual. “Ha sido todo un camino, todo un recorrido, mucho trabajo, pero la verdad demasiado especial [...] la cantidad de ilustraciones que pasaron, que no pasaron, todos los cambios que hubo, las mil vueltas que se generaron y creamos esta pieza tan hermosa”, señaló la ilustradora.
Para Mesa, este atractivo diseño es fundamental para competir con el consumo digital de los menores. La autora advierte sobre la problemática actual con el uso excesivo de pantallas en los más pequeños que, en su concepto, está frenando el desarrollo cognitivo. “La imaginación y la curiosidad han muerto demasiado, y yo creo que Bruna es una forma para que los papás encuentren otro mecanismo, como un entretenimiento más sano y más productivo, que es un libro”, afirmó.
Siga leyendo: Comfama publicó seis libros para conocer los futuros
La decisión de utilizar la literatura como vehículo se basa en que los libros representan “la forma más pura de aprendizaje”. La obra está pensada para ser leída en familia y generar un espacio donde los niños formulen preguntas y los padres puedan responderlas, incentivando el pensamiento crítico.
El libro, que ya se encuentra disponible en librerías locales como Bukz, es el resultado de un proceso de autopublicación. Mesa eligió este camino, asumiendo todos los retos logísticos, para garantizar que el producto final conservara intacta su visión original sin alteraciones de terceros.
Con este lanzamiento, la ingeniera paisa espera sentar las bases para futuras aventuras de la pequeña científica, dejando un mensaje para sus lectores: “No siempre la ciencia tiene que ser tan rigurosa como nos la enseñan. Puede ser más jugada y mucho más divertida de lo que creemos”.