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¿Por qué hay un boom de literatura japonesa en Colombia?

No es solo Murakami. En las librerías colombianas una nueva generación de autores japoneses está conquistando lectores con historias de soledad urbana, identidad y cotidianidad.

  • Cada vez son más los títulos de origen japonés que llegan a las librerías y bibliotecas colombianas. FOTO: Camilo Suárez
    Cada vez son más los títulos de origen japonés que llegan a las librerías y bibliotecas colombianas. FOTO: Camilo Suárez
22 de marzo de 2026
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Desde hace un par de años, entrar a cualquier librería en Colombia implica encontrarse, casi sin buscarlo, con al menos un título japonés en la mesa de novedades. A veces son varios. Portada minimalista, título con alguna referencia a estaciones, cafeterías o lugares cotidianos, y un nombre difícil de pronunciar que, de a poco, ya empieza a sonar familiar.

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Más allá de una casualidad o capricho de algún librero, la presencia de estos títulos en el mercado local es la señal más visible de un fenómeno editorial que lleva tiempo tomando forma.

La literatura japonesa lleva años ganando lectores en Colombia, pero el fenómeno actual tiene un matiz distinto: ya no se trata solo de Haruki Murakami sino de toda una constelación diversa de voces que están encontrando audiencia entre lectores adultos curiosos por entender un país que les resulta simultáneamente cercano y extraño.

“La literatura japonesa llega a Colombia bajo una mirada orientalista, que busca lo exótico, esa fascinación por el minimalismo”, explica a EL COLOMBIANO Betsy Forero, profesora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de los Andes y representante académica del Centro del Japón de esa institución.

El auge tiene también explicaciones editoriales. Penguin Random House reporta que las obras de la escritora Hiromi Kawakami figuran entre las más vendidas en Colombia, “tiene miles de lectores en el país” y hay un interés creciente en sus próximos lanzamientos.

Grupo Planeta, por su parte, trae mes a mes novedades japonesas que tienen gran acogida entre el público colombiano.

En las estanterías aparecen con frecuencia nombres como Hiroko Oyamada, Yoko Ogawa, Toshikazu Kawaguchi, Sanaka Hiiragi, Ryushun Kusanagi y Michiko Aoyama, autores que hace una década difícilmente habrían llegado traducidos directamente al español latinoamericano.

Eso, precisamente, es parte del cambio. Durante mucho tiempo las traducciones al español pasaban primero por el inglés o el francés, introduciendo capas de mediación cultural que distorsionaban tanto el estilo como el sentido.

Hoy, con más traductores hispanohablantes formados directamente en japonés, la oferta ha mejorado en cantidad y fidelidad, comenta Forero. “El japonés es una lengua exigente. Es rica en matices, capaz de condensar en una sola palabra conceptos que en español requieren una frase entera”, dice.

Entre las obras que mejor ilustran esa riqueza está Pies descalzos, una historia de Hiroshima, el manga autobiográfico de Keiji Nakazawa, quien sobrevivió a la bomba atómica en 1945 siendo apenas un niño.

El autor pasó décadas convirtiendo esa experiencia en una de las obras más devastadoras y necesarias de la literatura gráfica mundial.

¿Y qué están leyendo los colombianos en esas páginas? La profesora identifica un patrón: historias de personajes solitarios en el Japón contemporáneo que enfrentan presiones laborales, estereotipos de género y las contradicciones de una sociedad que está empezando a mirarse con más distancia crítica.

“Son historias que cuentan un Japón más humano, más real, conectado con unos personajes con los que uno puede acercarse desde la individualidad del mundo global”, señala.

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Hay también un fenómeno generacional en marcha: las autoras mujeres están en el centro de este boom (Ogawa, Kawakami, Oyamada) con voces que cuestionan, desde la ficción, lo que significa ser mujer en una sociedad tan codificada como la japonesa.

Recomendaciones de libros y autores japoneses

Para quienes quieran adentrarse en esta literatura sin perderse, la experta propone una ruta básica: el primer paso son dos textos de la primera mitad del siglo XX escritos precisamente para lectores no japoneses: El elogio de la sombra de Tanizaki y El libro del té de Okakura Kakuzo.

“Son textos escritos justamente para ser comprendidos partiendo de una japonesidad, pero pensados para un lector no japonés, y por eso siguen vigentes hasta el día de hoy”.

Desde ahí, sugiere dar el salto a las autoras contemporáneas que retratan el Japón urbano y cotidiano, como Sayaka Murata, Yoko Ogawa o Hiromi Kawakami, narradoras que trabajan con fragmentos de vida y que logran que el lector sienta que está leyendo algo verdadero.

“La historia sucede en un momento de la vida del personaje”, dice Forero. “Es esa idea de hacer válido un momento único en la vida de una persona”.

Para quien venga de la tradición literaria colombiana, dice, ese minimalismo narrativo puede resultar desconcertante, pero “es precisamente esa distancia la que hace el viaje interesante”.

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