Las cocinas costeñas están de luto. Murió Josefina Cassiani, una de las grandes guardianas de la tradición gastronómica del Caribe colombiano y la mujer que convirtió el sancocho de guandú en un símbolo de identidad para Barranquilla.
La reconocida cocinera tradicional falleció este fin de semana en la capital del Atlántico, tras complicaciones de salud derivadas de una cirugía a la que había sido sometida días antes. Su partida provocó una ola de mensajes de despedida por parte de gestores culturales, cocineros, instituciones y amantes de la cocina del Caribe, que hoy recuerdan su legado como una de las matronas más importantes de la gastronomía colombiana.
Desde su casa-restaurante en el tradicional Barrio Abajo, Josefina construyó mucho más que un negocio familiar. Su cocina, ubicada en la Calle 47 con carrera 52, se convirtió en un espacio para preservar la memoria culinaria de Barranquilla y narrar, a través de los sabores, la historia de una región profundamente marcada por la tradición oral, la música y la comida.
Su historia con la comida
Su relación con la cocina comenzó desde niña. Aprendió observando a su madre, sus tías y su abuela preparar recetas típicas que luego ella misma perfeccionaría con los años. Sin formación académica en gastronomía tradicional, pero con un conocimiento heredado de generaciones, Josefina logró convertirse en referente nacional de la cocina costeña.
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Su preparación más emblemática fue el sancocho de guandú, considerado por muchos como uno de los platos insignia del Carnaval de Barranquilla. Con ingredientes como plátano verde, yuca, ñame, carne, achiote y comino, la cocinera transformó un plato popular en una experiencia cultural reconocida dentro y fuera del país.
En 2007 recibió el Premio Nacional de Gastronomía, otorgado por el Ministerio de Cultura, reconocimiento que consolidó su nombre como una de las principales portadoras de tradición en Colombia. Además, fue figura constante de eventos como Sabor Barranquilla, donde compartía recetas, historias y saberes ancestrales.
Las reacciones que generó su muerte
Patricia Maestre, directora de Sabor Barranquilla, fue una de las primeras en reaccionar a la noticia. “Jose llevó la cocina de tradición al más alto nivel”, escribió en sus redes sociales al despedir a quien describió como una amiga generosa y una “matrona de matronas”.
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El Carnaval de Barranquilla también lamentó su muerte y destacó que Josefina “aportó identidad, memoria y sabor” a una de las fiestas culturales más importantes del país. La Secretaría de Cultura del Distrito la calificó como una “portadora invaluable de la tradición gastronómica”.
Durante la pandemia, Josefina encontró una nueva manera de acercar sus recetas a la gente. Con permisos especiales de la Alcaldía, empezó a vender sancochos a domicilio y convirtió el patio de su casa en un pequeño restaurante que rápidamente se llenó de visitantes atraídos por su sazón y hospitalidad.
Quienes la conocieron recuerdan no solo sus platos, sino también su calidez. Era habitual que recibiera a sus clientes con aguapanela con limón, café recién hecho o un enyucado preparado por ella misma.
Hoy, Barranquilla despide a una mujer que hizo de la cocina una forma de contar historias y defender la identidad del Caribe colombiano.