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Bad Bunny volvió a casa y convirtió el cierre de su gira en una fiesta de Puerto Rico

El puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido como Bad Bunny, regresó a su tierra para llevar “esperanza y fuerza”. Estuvimos en el concierto con el que cerró la gira.

  • Bad Bunny hizo dos apoteósicas presentaciones que tuvieron lleno total en el estadio de béisbol Hiram Bithorn de San Juan de Puerto Rico este fin de semana. FOTO Getty.
    Bad Bunny hizo dos apoteósicas presentaciones que tuvieron lleno total en el estadio de béisbol Hiram Bithorn de San Juan de Puerto Rico este fin de semana. FOTO Getty.
hace 3 horas
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Bad Bunny terminó este fin de semana su gira de conciertos Debí tirar más fotos World Tour con dos apoteósicas presentaciones que tuvieron lleno total en el estadio de béisbol Hiram Bithorn de San Juan de Puerto Rico, su tierra natal. Parecía como si en vez de culminar un recorrido de 57 conciertos por 20 países de cuatro continentes (América, Europa, Asia y Oceanía), apenas comenzara su periplo.

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El artista boricua derrochó toda la energía en tres horas de canciones, desde poco antes de las siete de la noche, cuando saltó al escenario después de una hora de sus teloneros, hasta rayadas las 10 p.m.

El sábado, cuando EL COLOMBIANO estuvo presente, si bien poco antes de su aplaudida salida a tarima se proyectó en la pantalla gigante un mensaje en rechazo a un controversial proyecto hotelero que está en ciernes en esta capital poniendo aparentemente en riesgo una zona de reserva natural según los opositores del desarrollo inmobiliario; las primeras palabras del “Conejo Malo” jugando de local aludieron a despojarse del halo de mesías que algunos le quieren dar debido al compromiso social que ha demostrado. Aclaró que él no vino a salvar a nadie ni nadie necesita que él lo salve, aunque también hace parte de las soluciones, pero no como el artista, Bad Bunny, sino como persona, Benito Antonio Martínez Ocasio, un portorriqueño como todos.

“Tampoco soy el que va a traer la luz y el agua”, apuntó refiriéndose a la gran cantidad de pobladores que llevan cerca de un mes a oscuras y con sed en el estado número 51 de los Estados Unidos de América.

“Pero sí les puede traer ilusión para resistir a los que quieren a Puerto Rico sin puertorriqueños”, dijo. No hay que olvidar que en la Isla del Encanto habitan apenas 3,2 millones de personas mientras que hay más de seis millones en EE. UU.

El concierto comenzó en un tono suave, a ritmo de boleros y fue adquiriendo más movimiento a punta de una salsa que hizo recordar la tradición musical dejada por artistas como el Cantante de los Cantantes, Héctor Lavoe; el Sonero Mayor, Ismael Rivera; Cheo Feliciano; Gilberto Santa Rosa y, por supuesto, el Gran Combo de Puerto Rico, del que ha incorporado en el repertorio una versión de Un Verano en Nueva York.

Al cambiar de escenario, desplazándose en un callejón de saludos hacia la casita que recrea en los conciertos una alegoría a su patria chica también mudó de género y dio paso al perreo.

No obstante las letras de Benito en esa clase de música parecen dejar los mensajes reivindicativos, el cambio de los pantalones por una falda le aportaron un deje de rebeldía contra los estándares machistas que han acompañado desde antes que él al reguetón.

Ahí también en la ‘casita’ fueron apareciendo otros precursores del género como Farruko, Arcángel y Ozuna, a quienes les agradeció por haberle allanado el camino. A Arcángel en particular le reconoció que fue quien le abrió las puertas en Medellín. Ya él como el indiscutido “rey” y anfitrión de este espectáculo los dejó lucirse tanto solos como haciéndoles el dúo.

No dejó de aparecer tampoco Concho, un sapo crestado endémico de Puerto Rico al que Benito adoptó como mascota en su universo musical y le dio voz para defender a través de él la fauna y flora de la isla.

Con un estadio todavía animado vino el acompañamiento del grupo de música tradicional Los Pleneros de la Cresta para el pegajoso tema Café con ron: “Por la mañana, café; por la tarde, ron. Ya estamo’ en la calle, sal de tu balcón”. Hay que recordar que la plena es un aire autóctono, originario de Ponce, en la costa sur borinqueña. El concierto culminó con un largo despliegue de pirotecnia. Parecía día de fiesta nacional en San Juan.

El furor en la isla por su “Conejo”

Bad Bunny desplegó en el escenario todos los elementos por los que es amado por casi todos sus compatriotas de Puerto Rico y repudiado por algunos.

Previo a la presentación, EL COLOMBIANO habló en una fila de hotel con Omar Rojas, un médico de 34 años, creyendo que era alguien que llegaba a ver al artista, pero, muy por el contrario, lo criticó con vehemencia, algo que en Puerto Rico algunos hacen con reserva porque saben que van contra la corriente general.

“Es verdad que sorprende que un artista latino esté teniendo tanto alcance a nivel mundial. Tiene gente que lo sigue, son súper fanáticos, pero a mí no me gusta porque es una letra que no trae nada que sea positivo realmente, sino que denigra a la mujer y, en cierto modo, romantiza lo que es la sexualidad”, dijo como para establecer un contraste con la salsa de Marc Antony o Gilberto Santa Rosa, a la que él sí es aficionado. Eli Casillas, de 18 años, quien se desempeña como valet parking en un restaurante en la céntrica avenida Magdalena, de San Juan, afirmó que le gusta Bad Bunny, aun admitiendo que algunas de sus letras lucen pasadas de tono por el uso de expresiones obscenas y alusiones explícitas a sexo y drogas.

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Asistir a cualquier de los dos conciertos que daba Benito este sábado y domingo estaba por fuera del alcance de Elí, pues oficialmente las boletas costaban entre 50 y 100 dólares (más o menos entre $150.000 y $300.000 pesos colombiano) y aún más porque circuló información de que las estaban revendiendo hasta por 9.000 dólares.

“Algún día me gustaría estar en un concierto suyo. Hay canciones de él que yo encuentro vulgares, pero hay otras que yo digo que tienen un buen mensaje”, apuntó el joven, quien a la par con su trabajo estudia ingeniería mecánica en la Universidad Politécnica de San Juan.

Por su parte, Gabriel, de 25 años, ya en la zona de patio del Hiram Bithorn tras pagar una boleta de cien dólares, contó que sigue a Bad Bunny desde que estaba en octavo grado, con catorce o quince años, prácticamente desde poco después de que el artista comenzó su carrera. Y no es que haya sido precisamente amor a primera vista.

”Antes yo lo criticaba mucho. No me gustaba su voz ni su música, pero ahora mismo yo sé que me gusta por el fenómeno que representa, siento un gran orgullo boricua de que represente a nuestra isla”, adujo.

Mia, de 18 años, manifestó en cambio que su enamoramiento con el “Conejo” ha sido casi desde que ella tiene memoria.

“Me gusta su música y que sea de aquí; representa a nuestra isla por todo el mundo; su música y sus letras son muy pegajosas”, contestó. En tanto su amiga Tatiana (19 años) daba a entender que pensaba lo mismo: “Escucho su música desde pequeña por la radio en Puerto Rico y viendo su evolución, me gusta ver cómo representa a Puerto Rico”, agregó.

Al lado de las dos jovencitas, una mujer que lucía igualmente juvenil pero con más años que ellas. Para sorpresa, por su aspecto y entusiasmo, era Sheila, de 42 años y madre de Mía. En su caso, como era de esperarse, al interrogarla si había venido a cuidar a su hija fue más la sorpresa cuando se apresuró a corregir: “No, ella es la que me está acompañando a mí, yo fui la que le dijo que viniéramos”.

Sheila asegura que se enganchó con Bad Bunny con su cuarto álbum Un verano sin ti, aunque le parece que en el disco que le siguió, Nadie sabe lo que va a pasar mañana las letras sí son más fuertes.

Sheila no es la única muestra de que el furor por Bad Bunny acá no tiene fronteras etarias. Previamente, en la fila de ingreso al estadio, Eric Rodríguez se destacaba con sus gafas, pero sobre todo por su barba y cabello completamente canosos. Hace un año asistió a un concierto de la residencia que hizo Bad Bunny y se convirtió en fan enardecido, tanto que conoce todo su repertorio y lleva las prendas que aluden al artista. Pero no es todo, sino que el sábado fue la concierto con un amigo y el domingo planeaba repetir con su hija y su esposa.

¿Qué le gusta de él? “El recuerdo que me trae de mi abuelo y de mi familia”, responde Eric, quien asegura que Bad Bunny le ha cambiado la vida y halaga no solo el sentido del orgullo patrio que inspira sino el mensaje hacia los jóvenes. “Él dice que piensen positivo. Así yo he logrado muchas cosas en mi vida. Por ejemplo yo trabajo en hoteles y casinos; he diseñado seis casinos y la gente me decía que no podía hacerlo sin experiencia, y también monté hoteles, también sin experiencia; no oí a nadie; póntelo en la mente y lo vas a lograr”.

Pero quizás la fan más veterana de Benito –y tal vez la más ferviente– se llama Teresa Antonia de Jesús Otero, quien tiene 82 años. Su casa, en las afueras de Vega Baja, el municipio donde nació Benito Antonio hace 32 años, se ha convertido en un museo dedicado al cantante.

La fachada de la casa en la que Teresa es la matrona de tres hijas, nueve nietos y cinco bisnietos, está dominada por un foto del “Conejo” al lado de la bandera nacional; en otra pared está la letra de “Por la noche ron” y la inscripción “¡Ay Benito, bendíceme este coquito!”.

La sala es todo un altar con fotos de Bad Bunny de niño y en sus distintas etapas y recortes de prensa de sus triunfos. Ella viste una batola con la foto de él y recibe a los visitantes bailando salsa brava o perreando con una agilidad que barre literalmente el piso con las nalgas.

“Sus papás lo han criado muy bien y él tiene una luz que no tienen otras personas. Se ve que Benito es de Puerto Rico, aunque a veces no se le entiende lo que canta; yo sí lo entiendo y lo bailo. He visto pasar a muchos artistas, sin embargo, creo que hasta Michael Jackson se quedó un poquito atrás en comparación con Bad Bunny”, dice ella que da testimonio de haber visto en vivo y en directo a los Beatles.

Lo que no se entiende

Entre tantas cosas que se le critican a Bad Bunny, quizás la más común es que no se le entiende lo que canta, que balbucea. Pero realmente, la dificultad para entenderlo no tiene tanto que ver con la forma –su acento, su flow– sino con lo que quiere decir, el contenido.

Debí tirar más fotos, el disco con el que giró por el mundo el último año y que le dio, entre otras cosas, el galardón de Álbum del año en los premios Grammy, es un disco dedicado a Puerto Rico. Lo dice en la contraportada:“Este proyecto es dedicado a todos los puertorriqueños y puertorriqueñas en el mundo entero”.

Pero casi nadie, por fuera de Puerto Rico, entiende lo que pasa en la isla, que es un Estado Libre Asociado, es decir, es un territorio no incorporado de los Estados Unidos.

La isla tiene autonomía en asuntos internos –tiene una Constitución propia y un gobernador electo—, pero está bajo la soberanía y los poderes plenarios del Congreso de Estados Unidos, que controla áreas clave como defensa, relaciones exteriores y leyes federales. Los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses por nacimiento, pero no pueden votar en las elecciones presidenciales de EE. UU.

Para saber más: “Las condiciones en Puerto Rico politizan a cualquiera”: Jorell Meléndez Badillo, historiador que participó en DeBí TiRAR MáS FOTos, de Bad Bunny

Esto ha generado, entre otras cosas, un enorme desplazamiento para los nativos, lo que conocemos como gentrificación. Hay más puertorriqueños viviendo en Estados Unidos que en Puerto Rico. El disco de Bad Bunny habla de eso. Es un viaje, empieza en NUEVAYoL (la primera canción), pasa a la isla en el segundo tema VOY A LLeVARTE PA PR, la recorre, y termina con LA MuDANZA. El disco retrata el ciclo interminable de los boricuas, ese ir y venir entre Estados Unidos y Puerto Rico.

LA MuDANZA es el tema con el que Bad Bunny escogió abrir los conciertos de su gira. La canción empieza contando su historia, desde como se conocieron sus padres y termina con un pregón que dice:

De aquí nadie me saca, de aquí yo no me muevo

Dile que esta es mi casa, donde nació mi abuelo

Yo soy de P fuckin R.

El sábado, durante el primero de los dos concierto con los que cerró su gira en Puerto Rico, paró la canción justo antes de que empezara el pregón y dijo: “Yo no puedo traerle el agua a los que no tienen agua, no puedo traerle la luz a los que todos los días se les va la luz, yo lo que quiero hoy es traerles un poco de alegría, las ganas de seguir sintiendo este orgullo de ser de aquí, yo lo que hoy les quiero traer es esperanza y fuerza para luchar y seguir defendiendo esta tierra”.

*Con invitación de Discover Puerto Rico y Rimas Entertainment.

¿Dónde fueron los últimos conciertos de Bad Bunny de la gira Debí tirar más fotos?
Los dos conciertos que cerraron la gira se realizaron en el estadio de béisbol Hiram Bithorn, en San Juan de Puerto Rico, tierra natal del artista. La gira había recorrido 57 conciertos en 20 países de cuatro continentes.
¿Cuánto costaron las entradas para los conciertos de Bad Bunny en Puerto Rico?
Las entradas oficiales para los conciertos en el estadio Hiram Bithorn costaban entre 50 y 100 dólares, equivalentes aproximadamente a $150.000 y $300.000 pesos colombianos según la noticia. También circuló información sobre entradas revendidas hasta por 9.000 dólares.
¿Qué mensaje dio Bad Bunny sobre Puerto Rico durante sus conciertos en San Juan?
Bad Bunny dijo que no podía solucionar directamente problemas como la falta de agua y electricidad, pero que quería llevar alegría, esperanza y fuerza para que los puertorriqueños siguieran defendiendo su tierra.

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