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Pudo ser beisbolista o incluso boxeador, tenía el brazo fuerte. Y si lo hubiese considerado, hasta basquetbolista. Pero no: lo que quería desde pequeño era jugar fútbol y ser goleador.
Ese es el ariete Miguel Ángel Borja, la nueva figura del fútbol colombiano que con sus goles le dio a Atlético Nacional el segundo título de la Copa Libertadores de América.
Borja, de 23 años, llegó al fútbol gracias a su capacidad de sacrificio y convencido de que ese era su camino para ayudar a su familia y labrarse un futuro mejor.
Atrás quedaron los tiempos en los que ayudó a su mamá, doña Nicolasa, a fabricar y vender empanadas, y en los que fue empleado en una ferretería, labores que siempre combinó con el deporte que lo salvó de peligros mayores.
Y es que Borja nació en Tierralta, en el departamento de Córdoba, cuna del paramilitarismo que les ofrecía a los muchachos de la zona la “alternativa” de ser uno de los suyos.
Sin embargo, tuvo él la voluntad para decir no porque al fin y al cabo lo que mejor...