Dos meses después de la partida de Macnelly Torres la afición verdolaga aún se debate entre quienes añoran su importancia dentro del funcionamiento del equipo y quienes creen que su salida fue consecuente con su poco aporte futbolístico.
Sin desconocer el valor de la subjetividad en el fútbol, en ciertos casos, los números ayudan a comprender situaciones concretas. Y los números de los últimos dos semestres (2017-2 y 2018-1) de Macnelly en el cuadro verde señalan que tanto su influencia directa como indirecta, aún en su ocaso productivo, facilitaron dos versiones de Nacional más prolíficas en generación de juego y volumen ofensivo que la de este semestre.
En 2017, bajo las órdenes de Juan Manuel Lillo su estilo de juego anodino, Torres produjo dos asistencias, participó en 45 ocasiones de riesgo y tuvo un promedio de 56 pases por juego en 17 partidos.
La influencia de Macnelly en el mediocampo influyó en rendimientos como los de Aldo Leao y Juan Pablo Nieto, otros volantes interiores, que tuvieron una buena participación de juego con un promedio de 45 y 35 pases por partido, respectivamente, así como dos asistencias para Aldo y 40 opciones de riesgo con la participación de alguno de ellos.
En el semestre anterior, con Jorge Almirón, Macnelly dio tres asistencias, participó en 38 opciones de peligro y tuvo un acierto del 80% en pases en campo rival.
Nacional produjo un total de 93 ocasiones de riesgo mediante acciones de elaboración. Este semestre, en contraste, Aldo y Castellani suman un mayor promedio de pases por juego (47 y 40) pero menos influencia en la creación ofensiva.
Aldo suma una asistencia, Castellani ninguna y Juan Pablo Ramírez, el llamado a asumir la responsabilidad creativa del equipo, sigue sin asumir el rol. A su favor podría decirse que le falta continuidad, ya que acumula 358 minutos en seis juegos.
Sin embargo, en el tiempo en que ha estado en cancha el “Indio” tampoco ha marcado diferencias. Apenas una asistencia (descontando otra de tiro de esquina ante Envigado). También tiene un pobre promedio de 23 pases por partido, una poca participación, lo que se evidencia en la percepción de que se “ausenta” de la cancha.
Pero el “Indio” tiene atenuantes: su condición de canterano, su calidad y juventud (20 años) le dan margen. Aunque el mismo Hernán Darío Herrera recalcó en rueda de prensa algo que viene diciendo, incluso, desde antes de asumir el equipo. “Nacional cree en él, pero él debe creerse que tiene todo para ser el diez de este club. Eso implica compromisos altos en partidos y los entrenamientos. Seguimos aguardando por él”, sostiene.
Hasta que Ramírez corresponda a esa paciencia y confianza, Nacional suma partidos sin las ideas para ser el conjunto inteligente y capaz que fue hasta hace poco .
Regístrate al newsletter