Alguna vez el técnico Juan Carlos Osorio, mientras dirigía a Nacional, habló de esos partidos en los que llegaban los goles antes de aparecer los méritos.
Pues ayer Nacional hizo toda la sumatoria de méritos posibles antes de que Hernán Barcos se inventara ese recurso para habilitar a Jeison Lucumí. Lo buscó por el costado derecho, el izquierdo, por el interior con elaboración y con lanzamientos de costado, sin olvidar los remates desde fuera del área y, por supuesto, una eficiente presión para hacerse con el balón.
En esos 33 minutos hasta que llegó el gol para empatar la serie, el elenco verde demostró parte de la esencia del proyecto de Paulo Autuori: oficio y persistencia, valores a los que les falta lustre de la estética y la jerarquía, imponderables en la historia de Nacional.
Sin embargo, el segundo tiempo en el que Libertad, con muy poco, asumió cierto control de juego, sumado al desacierto para concretar el segundo gol, y que forzó a la definición por penales y la posterior eliminación de Libertadores, muestra que el camino que tendrá que recorrer Nacional para volver a tener, al menos la mitad de la categoría que alcanzó hace un par de años, todavía es tortuoso.
Un dato del estadígrafo Óscar Yamit Quiroz ofrece una demoledora radiografía del padecimiento del cuadro verde desde hace dos años. Desde hace 10 partidos no convierte dos goles en un juego, el último fue ante Leones (2-2) en noviembre pasado.
Lleva 16 juegos sin convertir tres anotaciones, 51 sin concretar 4 goles y 98 juegos desde la última vez que consolidó una goleda por cinco tantos. Nacional es un equipo austero y no apto para grandes retos, esos que demanda la hinchada pero que aún tendrán que aguardar más de tiempo. El único consuelo es que jugará la Sudamericana por ser uno de los dos mejores eliminados de fase previa de Copa. El reto de Autuori es tener un equipo de carácter internacional para cuando entre en dicha competencia.
Regístrate al newsletter