Valentina Paniagua Areiza aún mantiene fresco el recuerdo cuando recibió su primera bicicleta. Tenía tres años de edad.
No solo su emoción les causó sorpresa a sus padres Luis Bernardo y Luz Marina (q.e.p.d.), también les impresionó la manera rápida en la que aprendió a montar sin la ayuda de nadie ni mucho menos con las ruedas de apoyo de aquel caballito de acero. Sus progenitores de inmediato se dieron cuenta que poseía talento para esta disciplina.
Y no se equivocaron, porque 17 años después la deportista antioqueña ha escalado alto en el ciclismo, tanto que ha sido campeona nacional de ruta en la categoría mayores y en el ámbito internacional ya se ha ganado respeto, pero como expresa, “falta mucho más y trabajo por más”.
Tampoco olvida que siendo juvenil probó suerte en el atletismo. Los 400 metros planos eran su especialidad; no obstante, por una periostitis -inflamación del periostio, la capa más superficial de los huesos- se retiró.
Cuando se recuperó, hace menos de cinco años, corrió de nuevo a toda velocidad, pero sobre una bicicleta. Probó entonces suerte en el ciclismo, y vaya que la encontró.
En 2012, en la prueba de la persecución por equipos y en su primera Copa Mundo de pista en Cali, logró bronce en compañía de Lorena Vargas y de la persona a quien más admira en este deporte, María Luisa Calle.
Ahora, sin ninguna de ellas, pero con un nuevo grupo -Milena Salcedo, Laura Lozano y Angy Guzmán-, que “tiene un buen futuro”, como lo expresa el entrenador nacional José Julián Velásquez, Valentina indica que se esfuerza para darles no solo “alegrías a sus seres queridos sino también a Colombia”.
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