Esta vez no juegan con un balón de coco. Y la cancha donde lo hacen no está llena de piedras, huecos y morros. No anotan goles en pórticos de madera o guadua sujetados con tela como, generalmente, les toca hacerlo en sus poblaciones de origen.
A Medellín llegaron no solo con el propósito de demostrar que tienen talento cuando van detrás de un balón sino también para crear lazos de hermandad entre sus comunidades.
Aquí lo hacen en un terreno normal de fútbol que, para ellos, es como un verdadero templo. Arribaron de varios rincones de Antioquia, Córdoba, Caldas, Quindío, Risaralda y Chocó, y hacen parte de los pueblos Sinú, Embera Katío y Embera Chamí.
En el estadio Cincuentenario, donde comenzaron ayer las competencias, no juegan con taparrabos ni corren descalzos como lo señalan sus costumbres. Tampoco, en sus rostros, hay símbolos marcados con pintura para diferenciarse del resto de etnias, y el uniforme que les obsequiaron permite que se reconozcan entre ellos.
Son 120 deportistas y compiten en el primer Nacional de fútbol indígena, zona Occidente 1, que nació bajo el lema “Más allá del balón”, y que busca visibilizar la realidad de los pueblos indígenas y ser alternativa de vida para los jóvenes frente al conflicto armado.
Compiten con el reglamento oficial de fútbol profesional colombiano, lo cual les genera orgullo y alegría, pues como expresan, empiezan a ser reconocidos y tenidos en cuenta.
“Salimos del resguardo para darnos a conocer ante el mundo”, expresa Carlos Mejía, futbolista indígena de Caldas.
La Organización Indígena de Antioquia (OIA) y la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), con apoyo del Inder Medellín, Indeportes Antioquia, Coldeportes Nacional y la Federación Colombiana de fútbol son los promotores del evento, que tiene como imagen deportiva a Carlos El Pibe Valderrama, quien previo a la presentación del evento expresó: “frente al fusil, el balón”.
Como en cada una de sus comunidades, juegan 80 minutos, claro está, con árbitros federados, lo cual también es nuevo para ellos. “Esta es la oportunidad esperada para demostrarle al país que en los pueblos indígenas hay mucho talento”, expresó Wilson Vélez Tascón, asistente técnico de Antioquia, quien agregó: “esto no solo es una competencia, es una puerta grande a la esperanza, para que nuestros jóvenes se den cuenta que en la vida sí hay caminos para salir adelante por medio de la unidad”.
De este torneo saldrá un representante para jugar la final en Bogotá, donde lucharán por el título los dos elencos que saldrán de cada macro indígena de Norte, Centro Oriente, Orinoquía y Amazonia. La otra zona de Occidente se juega paralelamente a la de Medellín en Cali.
Como en la selva, los futbolistas indígenas empiezan a cazar sueños, uno de ellos es conseguir un cupo en la Selección tricolor, ya que este torneo es selectivo para Copa América de fútbol indígena-2016, en Chile o Brasil.
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