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“La mujer futbolista sí puede ser respetada”: Echeverri

Isabella Echeverri evoca sus inicios en las canchas de Antioquia. El deporte le permitió estudiar en EE. UU.

  • Isabella Echeverri, en las canchas de la Jaula del Ángel, en el Centro Comercial Viva. Voz autorizada del fútbol femenino. FOTO esteban Vanegas
    Isabella Echeverri, en las canchas de la Jaula del Ángel, en el Centro Comercial Viva. Voz autorizada del fútbol femenino. FOTO esteban Vanegas
20 de febrero de 2020
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Por Wilson Díaz Sánchez

En sus comienzos fue una temible delantera que marcaba diferencia en las selecciones juveniles de Antioquia. A la otrora rubia de cabello largo y rizado, habitante del barrio El Poblado de Medellín, que estudió en el Colombo Británico y el Montessori, le tocó dar batalla entre sus compañeras por su condición económica, y también porque en su época el fútbol femenino aún soportaba rezagos de la estigmatización.

Gracias a este deporte, Isabella Echeverri, quien ahora tiene 24 años y es mediocampista de la Selección Colombia, estudió gratis (becada en EE. UU.) dos carreras: Negocios Internacionales y Mercadeo, además hizo maestrías en esta última y en Administración.

Hace poco, con su colega Melissa Ortiz, emprendieron una campaña que unió a todo el país en torno al respeto por las mujeres futbolistas, y lograron revivir la Liga Profesional. EL COLOMBIANO habló con esta paisa sobre el deporte que la apasiona.

Miremos atrás, sus comienzos en el balompié...

“Yo jugué con niños hasta que tenía 13 años. En mi casa desde el primer momento me apoyaron, nunca importó si me decían marimacha, o si las niñas le reclamaban a mi mamá que yo nunca jugaba con ellas. Ellos siempre estuvieron de mi lado, mi papá me llevaba a los partidos y entrenamientos. Y mi mamá, hermanos y padrastro estuvieron cerca en los torneos grandes que disputé. Ese apoyo familiar ha sido definitivo para mí en lo personal y deportivo”.

¿En algún momento pensó en abandonar esta actividad por la estigmatización?

“Cuando estaba chiquita en el colegio me decían marimacha y eso sí me afectaba mucho. Pero mi mamá me enseñó a ser fuerte, a que lo que yo pensaba tenía más valor de lo que creyeran los demás. Me decía que yo podía ser una mujer respetada jugando fútbol”.

¿Qué le pasa por la mente cuando recuerda sus inicios en el alto rendimiento?

“Mucha alegría, pienso que el tiempo con Antioquia fue uno de los más grandes de mi carrera; siempre he manifestado el deseo de volverme a poner esa camiseta porque quedé con la espinita de no haber ganado ningún torneo. Allí logré aprendizaje, alegría y mucho amor por esos colores”.

Era aliada de niñas con muchas dificultades...

“Fue duro al principio porque mi situación económica era muy diferente a las de las demás y me juzgaban por eso, pero creo que al final el fútbol une culturas, estratos; mis mejores amigas son de mi tiempo con Antioquia, les pude ayudar en varios sentidos y ellas a mí. Mucho de lo que sé hoy lo aprendí con esas jugadoras en la Selección”.

¿Cómo le
decían?

“Al comienzo, La Gomela. Cuando íbamos a jugar al barrio Santo Domingo eso era, La Gomela, La Gomela... y yo vestida igual que el resto, pero luego ellas aprendieron a respetarme por mis habilidades y por la persona que soy; ya después eso no importó”.

¿Con quién de ellas mantiene contacto?

“Con Dora Grisales es quien más hablo, pero también Juliana Sierra y ahora con las que comparto en Colombia: Catalina Usme, Sandra Sepúlveda, Chachis (Diana Ospina)...”.

¿Siente que la lucha que ustedes dieron fue dura, aunque Liliana Zapata y otras jugadoras ya habían abonado el terreno?

“Liliana ha sido una gran gestora del fútbol antioqueño, ella sacó esto adelante y nos dio las mejores condiciones para estar bien tanto en el club Formas Íntimas como en la Selección... Para mí fue duro el inicio porque no ganábamos y nos antecedía una generación que lo logró todo, las expectativas eran altas, pero en términos de condiciones e igualdad estábamos muy bien”.

Aunque ahora pasa más tiempo en EE. UU., ¿qué falta aquí para mejorar?

“Me atrevo a decir que un plan a futuro, una estructura de juego bien definida. No sé si exista porque no vivo aquí, pero una manera de jugar que nos identifique. Ahora el Valle del Cauca lo está haciendo”.

¿Se atrevería a decirle a una niña que se meta al fútbol, que de eso puede vivir?

“Sí, es posible, a pesar de que no podemos olvidar que esto no dura por siempre. Por eso es importante que estudien, que se eduquen y luego jueguen o que lo hagan al mismo tiempo, porque a uno la carrera se le acaba a los 35 años. ¿Y luego qué? Del fútbol, especialmente el femenino, no vas a poder vivir toda la vida, y por eso me enfoco tanto en la educación de las jugadoras”.

Inclusive las mujeres marcan diferencia en eso, la mayoría son graduadas...

“Te das cuenta en la forma de hablar y comunicarte con la gente. Nosotras estudiamos, nos capacitamos y hacemos carreras. Es un valor agregado gigante para la mujer futbolista en términos de visibilidad para las marcas, los clubes y la afición. Es muy bonito ver que una jugadora se exprese bien y sea educada”.

Mirando el futuro, ¿desde qué faceta podría aportarle a esta disciplina deportiva?

“Nunca he pensado en ser una jugadora profesional, siempre he querido impactar el fútbol desde fuera de la cancha, no como entrenadora. Quiero darle visibilidad al fútbol, comercialización, que venda, que guste. También desde lo dirigencial, después de los últimos acontecimientos me han dicho que debería ser parte de la Federación, la Dimayor, Coldeportes, para ayudar a la mujer; esperemos a ver qué me tiene guardada la vida” n

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