Tiene el tesón que caracteriza a los santandereanos. Por eso, no cede ante la dificultad. En ningún momento de la vida lo ha hecho. Ni cuando era futbolista, ni cuando el alcohol le tomó ventaja después de ser uno de los estelares del “kínder de Zubeldía”, que hizo brillar a Atlético Nacional antes del triunfo continental de la década de los 80.
Mucho menos ahora, que con 68 años enfrenta un cáncer complicado y no se ha rendido. Por el contrario, muestra su mejor actitud y le ha puesto fe y empeño a la recuperación. Sobre su salud y las lecciones que le ha dejado su carrera en el deporte, Norberto Peluffo habló con este diario.
Sabemos que está en un proceso de recuperación médica, ¿cómo anda en este momento?
“Estoy bien, gracias a Dios. Todo el mundo sabe la situación que estoy viviendo hace cerca de cinco meses. Me diagnosticaron un problema de salud. Yo lo llamo un quebranto. Nunca he dicho que estoy enfermo. Estamos peleando y nos han dado mucha compañía, mucha solidaridad. Eso ayuda mucho. Además, los médicos han sido muy especiales y estoy convencido de que de esta salimos. Yo tengo mi fe intacta porque, como les dije a los médicos: ustedes harán lo que pueden, mi Dios va a hacer lo que quiere”.
¿Cómo va su devenir profesional en este momento, profe?
“Bueno, le cuento que gracias a Dios me pude pensionar. Lo logré. Ustedes saben que la mayoría de futbolistas de mi generación estamos en una situación difícil para la pensión. Yo lo logré y en ese camino soy muy agradecido con la gente del Gol Caracol, porque estar con ellos me ayudó mucho. Ahora, debido a mi situación, pues me tocó renunciar al Mundial de Estados Unidos, pero sigo trabajando en la plataforma del Gol Caracol todos los días. Al mediodía hacemos un programa con Nélson Gallego, Javier Castell, Carlos de la Pava y Javier Hernández”.
¿Estar en el programa le ayuda para distraerse?
“Sí. Es un espacio donde compartimos y hablamos de fútbol. Es un programa agradable porque no es de polémica, sino de comentar. Cada uno habla de lo que piensa, pero no se polemiza y pasamos un rato muy agradable. Sobre todo que Nelson que tiene una forma de ser muy agradable”.
¿Cómo son sus días en casa?
“Salgo, camino, hago algunos ejercicios que me recomendaron los médicos. Eso me cuesta mucho porque desde que jugaba fui medio perezoso para la parte física, no me gustaba mucho, pero ahí lo hacemos y creo que vamos bien. Vamos camino a la sanación, muy cerca del milagro”.
¿Qué resta para terminar ese milagro, profe?
“Terminar el proceso. Hay que tener paciencia. Esto no es de que yo quiero estar bien y ya. Este es un asunto de tiempo, pero no se sabe cuánto puede durar. No lo sabe ni el médico, pero vamos bastante bien porque la respuesta al tratamiento ha sido excelente”.
Cuando usted dejó de ser futbolista, ¿quién le sugirió ser DT?
“Yo he estado muy poco tiempo fuera del fútbol. Me retiré y a los pocos meses ya estaba en los bancos. Todo pasó muy rápido. El profesor Humberto “Tucho” Ortiz fue quien, cuando se enteró de que había dado un paso importante en mi vida, como fue la recuperación frente al alcoholismo, me llamó y me ofreció la posibilidad de iniciar mi carrera de entrenador en el Bucaramanga en noviembre de 1990. Ahí empecé a trabajar como ayudante. Después pasé a ser técnico”.
¿Por qué se retiró tan joven como jugador de fútbol?
“Me retiré a los 30 años porque sentí que mi vida se estaba perjudicando, pues en su momento era considerado, en mi posición –volante mixto–, uno de los mejores del país. Sin embargo, sentía que el alcohol me estaba ganando, pero a uno le cuesta aceptar eso. Estando en Manizales, en el Caldas, me di cuenta que cada vez era menos capaz de entrenar, me costaba muchísimo y tomé la decisión de retirarme”.
¿Cómo afrontó el alcoholismo?
“Yo acepté que tenía un problema. El 6 de agosto de 1990, después de pensarlo muchos meses, terminé mi carrera. Ese día decidí no tomar más. Ahora, estoy cumpliendo: tengo 36 años de no tomarme una sola gota de licor”.
¿Se arrepiente de no haber controlado el alcohol rápido?
“No me puedo arrepentir porque ya no puedo volver al pasado. Sí sé que Dios me cambió la vida. Él me guió y yo cambié de camino. En su momento acabé con una carrera deportiva que iba muy bien, pero ya no puedo volver el tiempo atrás”.
¿Cómo analiza al futbolista colombiano de este momento?
“A los futbolistas colombianos siempre nos ha faltado mentalidad y formación en la parte humana: creérnosla de verdad. Cuando uno escucha a los jugadores argentinos, ellos piensan que son buenos en todo. En ese sentido, creo que el fútbol femenino le ha dado una lección al masculino. La sub-20 que terminó tercera en el Mundial de Polonia es el gran ejemplo. Ellas creen mucho en su talento y son mentalmente muy fuertes, mientras que el jugador normal no tiene esa capacidad”.
¿Cree que es un problema social de los colombianos?
“Sí. Dicen que un colombiano es muy berraco. Sin embargo, el problema viene cuando se juntan dos. Si usted ve, somos fuertes en los deportes individuales y en los deportes de conjunto nos cuesta más. Creo que es algo que nos falta, creer que podemos conseguir cosas que son importantes”.
¿Qué ha representado Atlético Nacional en su carrera?
“Atlético Nacional ha sido el club donde más tiempo he estado y donde cumplí varios cargos. Estuve de jugador, de asistente técnico, de técnico encargado, de director de divisiones menores. En mi carrera deportiva, antes de que el alcohol me sacara, jugué diez años y medio en Nacional y tres años Millonarios. Mis hijos del primer matrimonio son paisas, entonces tengo un sentimiento muy especial hacia el club. Por eso, cuando en 2012, después de haber tomado la decisión de no seguir como entrenador, acepté la propuesta que me hizo el doctor Antonio José Ardila de asumir como interino. Sin embargo, yo le puse una condición: que eligieran técnico rápido. Cuando viajé a Argentina a los partidos contra Vélez, ya sabía que el reemplazo de Sachi Escobar era Juan Carlos Osorio, desde entonces no quise volver a dirigir”.
¿Cuál de todos los roles que ha tenido en el fútbol le gustan más?
“El de futbolista, ese es el mejor rol que hay. De todas maneras yo he tenido muchas oportunidades. No había caído en cuenta hasta que Ricardo Gareca un día me dijo: oiga, usted en el fútbol ha estado como jugador, asistente, técnico, director de menores, director deportivo, comentarista. Yo estoy agradecido con el deporte porque siempre he estado metido en el fútbol, toda la vida en diferentes roles, pero siempre detrás de la pelota”.
¿Qué recuerda de la pelea que tuvo con “El Pecoso” Castro, un hombre con carácter fuerte?
“Eso fue penoso. Al otro día, incluso, hubo que pedir disculpas. Eso no puede suceder. Eso fue una jugada para el lado del banco, en un partido Nacional-Cali. Yo estaba parado discutiendo con el línea y Pecoso se me vino encima y me empezó a decir cosas. Entonces yo le metí un cabezazo, me volteo, le meto un cabezazo y él me metió un puño. Luego nos expulsaron a ambos. Esas cosas no pueden pasar”.