Como reyes, todopoderosos jerarcas del fútbol como el argentino Julio Grondona o el brasileño Ricardo Teixeira llegaban en jet privado a la sede de la Conmebol en Asunción, tenían varios Mercedes Benz esperándolos y no pasaban por aduanas ni migraciones.
Y con la ayuda de empresas deportivas regionales y estadounidenses y bancos suizos que inventaban acuerdos de servicios falsos, la entonces cúpula de la Conmebol se embolsó durante años millones de dólares en sobornos a cambio de contratos, relató el martes en el juicio de corrupción de la FIFA un empresario deportivo argentino que hizo una fortuna hasta que se entregó a la justicia en noviembre de 2015.
Alejandro Burzaco, expresidente de la empresa Torneos y Competencias (TyC) y uno de los 42...