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La violencia ni el bullying frenaron los sueños de Isabella

La deportista, que salió desplazada con su familia de Cáceres por el terror sembrado por grupos al margen de la ley, es una de las grandes promesa del voleibol en Colombia.

  • Isabella viajará el 8 de julio a México, donde seguirá su proceso formativo en el voleibol y, de paso, estudiará becada Negocios Internacionales. En voleibol colombiano es fuente de inspiración. FOTO ESNEIDER GUTIÉRREZ
    Isabella viajará el 8 de julio a México, donde seguirá su proceso formativo en el voleibol y, de paso, estudiará becada Negocios Internacionales. En voleibol colombiano es fuente de inspiración. FOTO ESNEIDER GUTIÉRREZ
23 de abril de 2023
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Las últimas cuatro letras de su nombre reflejan lo que física como espiritualmente es: sencillamente una persona bella.

Y eso que ha estado en trámites para cambiarlo en la Registraduría Nacional, no solo por el bullying que le hacían en su niñez, sino también porque la gran amiga de su madre, cuando esta última estaba en embarazo, le pidió que le pusiera la caligrafía como ella anhelaba antes de irse de Colombia.

Pero en medio de esa larga espera, en la que ha conocido seres que han llegado como ángeles, Isabella Murillo Isaza, quien buscaba ponerse Izabelha, ya ha empezado a dudar si vale la pena rectificarlo, no solo porque suena igual, sino por la gran transformación que tuvo, entre ellas la mental.

Tiene 16 años, pero como se expresa y por su contextura física aparenta más. A su corta edad, Murillo ya es considerada una de las grandes promesas del voleibol colombiano, un deporte que le devolvió tranquilidad a ella y a su núcleo familiar luego de las adversidades que se le han presentado en su corta vida.

Hace algunos días, Isabella regresó al lugar donde nació, Cáceres, un pueblo del Bajo Cauca antioqueño abrazado por el río Cauca, a una altura de 150 metros sobre el nivel del mar, con un clima cálido, con casi 2.000 kilómetros cuadrados de territorio, unos 30.000 habitantes, y la vez, desde la década de los 60, golpeado por el terror sembrado entre grupos armados ilegales.

Situada a 239 kilómetros de Medellín, Murillo tocó de nuevo tierra natal para despedirse otra vez de muchos de sus seres queridos, como su bisabuela Pola Montoya y su abuela Nancy del Carmen, aunque esta vez el adiós no estuvo cargado de dolor o tristeza como años atrás cuando al lado de su madre Aida Nataly y otros familiares, tuvieron que salir de la población huyendo de la violencia. Su viaje a México en los próximos meses, donde estudiará y competirá gracias a una beca que le otorgó la Universidad Montrer, en Morelia, les generó lágrimas de felicidad.

El éxodo

Isabella tenía 6 años cuando abandonó Cáceres. En las imágenes que no se le borran de la cabeza está el momento en el que su tío Andrés se despidió solo de ella pues estaba enojado con la mamá de la menor. Le dio un beso, le susurró te amo, y jamás su familia lo volvió a ver. Dos hombres en moto llegaron por él a su casa y su rastro desapareció.

“A partir de ese momento, y luego de recibir amenazas, muchos familiares tuvieron que salir de Cáceres. Otros se quedaron porque no tenían más para dónde coger. Fue duro que me arrebataran así mi niñez”, comentó Isabella, quien luego de que su mamá, administradora de empresas y profesora, se acomodara en Medellín, no dudó en tenerla de nuevo bajo su amparo.

Ya en la capital paisa, donde se convirtió en una voleibolista con proyección, Murillo recuerda que el proceso no fue nada fácil.

“Es que muchas personas no me tenían fe, entre ellas a quienes consideraba mis amigas. Sufrí tanto que caí en depresión”.

La joven de tez morena lo explica porque siempre fue de contextura gruesa, de cabello corto, crespo, y si bien para algunos lucía chévere con las trenzas que le hacía su mamá, sus compañeros en el colegio la molestaban todo el tiempo. “Le cogí pena a mi cabello, lo comencé a alisar pero se empezó a caer, por lo que me tocó utilizar extensiones o hasta tapármelo. En serio que le cogí pena a lo que era yo”, confiesa la deportista, a quien la tuvieron que llevar al sicólogo y al siquiatra, y darle pastillas para la depresión y ansiedad.

Se llenó de valor

“Con el paso del tiempo, y con la ayuda de Dios, me cansé de que me preguntaran por qué lloraba o estaba triste. Y tuve la fuerza de voluntad para salir de ese estado como lo han hecho otras personas. Me refugié en seres que buscaban ayudarme, entre ellos mis entrenadores, como Josué Mosquera, del Club Thunder, pero sobre todo me entregué al deporte, el cual me abrió las puertas para conocer mis fortalezas, y a la vez para encontrar alegría, motivación, confianza”, dijo Isabella, quien antes de incursionar en el voleibol probó en patinaje, gimnasia, baile, canto y actuación.

En 2011, luego de un chequeo que hicieron en la Liga Antioqueña de Voleibol para captar nuevos talentos, el orientador Hugo Villa le dijo a la mamá de Isabella que la menor tenía talento para esa disciplina. Y no se equivocó. Desde hace tres años integra la Selección Antioquia, en la que ya fue campeona nacional y la comparan, por físico y condiciones, con Wendy Vargas Almanza, una de las referentes de este deporte en el departamento y Colombia.

“De hecho, desde más joven, he querido seguir sus pasos, o también los de Amanda Coneo o Alejandra Marín, otras dos grandes estrellas de nuestro deporte. Siento que puedo ser como ellas y para ello me preparo”, comentó Isabella, espigada deportista de 1,72 metros de estatura y a quien su pediatra le dice que puede crecer entre 10 y 15 centímetros más.

Néstor Alzate, otro de los orientadores que ha estado en su proceso, comenta que Isabella es una niña llena de valores. “Es formal, comprometida, trabajadora, apasionada por el deporte, aguerrida, buena compañera. Es demasiado joven pero, si sigue así, llegará lejos en el voleibol”.

Murillo, entre tanto, reconoce que desde el momento en el que creyó en ella empezó a ver grandes frutos, entre ellos llegar a México becada.

“Voy paso a paso, pero sueño en grande. En el deporte me gustaría jugar en la liga de Italia, representar a la Selección Colombia en unos Mundiales y Olímpicos, pues tengo las ganas, el poder y la mentalidad de que sí puedo llegar a ser una gran jugadora de este deporte”, dijo Isabella, quien también tiene otros objetivos personales.

“Deseo ayudar a muchos jugadores que no cuentan con los recursos suficientes para destacarse en volei. Si me respaldaron a mí yo también lo quiero hacer. Y a la vez deseo brindarle felicidad a mi mamá, que ella pueda decir que su hija no se quedó en el conflicto y violencia del pasado sino que logró crecer como persona y ser fuente de inspiración”, señaló este talento de Cáceres, quien sorprende con sus condiciones atléticas y también con su fortaleza mental para salir adelante.

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