Con el rocío que emana en el Oriente antioqueño a las 6:00 a.m., y con el beso de su madre Gloria Valencia, Juan Camilo Ramírez sale desde la finca en la que reside hasta su colegio en Envigado, municipio que le brinda apoyo y soporte.
Sus padres cuidan y trabajan en la propiedad, mientras él acude a sus labores. Después, a las 3:00 p.m., su papá lo recoge en la moto para llevarlo a los entrenamientos de bicicrós en la unidad deportiva de Belén.
Sobre las 9:00 p.m. está regresando a su hogar para descansar y volver a repetir la misma rutina. No obstante, Ramírez no se aburre porque sabe que todos esos sacrificios lo mantendrán como un gran campeón.
Una vez, antes de ir a una de las sesiones de práctica, los patrones de sus padres le regalaron una camiseta con una imagen de Goofy, el perro bonachón de Disney. Desde ese momento, lo empezarían a apodar así. “Si me presento como la mamá de Juan Camilo Ramírez, nadie me conoce, pero ahí mismo digo que soy la de Goofy y todos caen en la cuenta”, revela Gloria.
La historia de Juan por la disciplina deportiva se basa en sacrificio. Muchas veces, el dinero no alcanzaba para mandarlo a competencias, por lo que sus padres se ponían a vender empanadas. Tiempo después consiguió el apoyo de la fundación W Élite, que hoy lo tiene en el Mundial de Rock Hill (Estados Unidos).
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