La automotriz americana Ford presentó en Colombia en días recientes la nueva generación- la segunda- de su modelo SUV de mediano tamaño Edge.
Llega precedida de unas cifras importantes heredadas de su hermana de primera generación que alcanzó ventas superiores al millón de unidades desde 2006 cuando se presentó por primera vez, y sus sucesivos lavados de cara para refrescar la línea.
Ahora, esta evolución del vehículo hace parte del concepto de diseño lanzado por la marca, denominado Kinetic Design 2.0, y que se traduce en una línea más moderna, incluso un poco más agresiva en su expresión y contornos que la anterior, que tenía unas formas más suavizadas.
La parrilla trapezoidal es uno de sus aciertos de estilo para darle mayor presencia visual. Se suma a la incorporación de sus luces HID y led diurnos adelante y la línea continua de luces led en su parte trasera que de noche la hacen ver diferente entre el tráfico.
Sus rines de 19 pulgadas acentúan su mayor presencia y el crecimiento de sus dimensiones generales (4,78 metros de largo, 1,93 de ancho y 1,75 de alto y su distancia entre ejes de 2.85 metros).
En su interior, un espacio amplio, con un conjunto de instrumentos posicionados de forma ergonómica para facilidad del conductor, presencia de cuero y plásticos blandos y acolchados y una buena sujeción y posición de manejo en sus sillas.
Con una motorización única para la versión Titanium que se ofrece en Colombia de propulsor V6, de 3.500 centímetros cúbicos y una capacidad de potencia hasta 280 caballos de fuerza, el carro cumple en su rodaje.
Su salida desde cero no es la más vertiginosa, propio de un crossover pensado para el desenvolvimiento en el tráfico urbano. Rodando su aceleración se torna un poco más dinámica y en marcha por ciudad en régimen medio de vueltas del motor sostiene un desempeño agradable.
En carretera es preciso empujar arriba de las 4 mil revoluciones para un desarrollo más dinámico.
Un punto que sí es notable en su marcha es la calidad de la suspensión que permite que apenas se sientan las irregularidades de la vía, y también su estabilidad al tomar las curvas del camino, con un balanceo muy suave y necesario. Además el trabajo de la suspensión es bastante silencioso y cómodo.
Una mezcla que en semana es dócil y confortable para la ciudad, y en los fines de semana tiene arrestos para trascender un poco el asfalto.
Regístrate al newsletter