La crisis de movilidad en Medellín ya no solo impacta el transporte: también afecta la productividad, la calidad de vida y la sostenibilidad urbana del Valle de Aburrá. En medio de ese escenario comienza a ganar fuerza un concepto que ya transforma ciudades como París, Melbourne o Buenos Aires: la “ciudad de los 15 minutos”.
La idea plantea reorganizar las ciudades para que las personas puedan acceder a trabajo, salud, educación, comercio, cultura y espacios de ocio a pocos minutos de sus hogares, caminando, en bicicleta o usando transporte público.
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Más que una propuesta de movilidad, el modelo busca replantear la forma en que se habitan las ciudades, reduciendo la dependencia del carro particular, las emisiones de gases contaminantes y el ruido, mientras acerca los servicios esenciales a los ciudadanos.
El concepto fue desarrollado por el urbanista franco-colombiano Carlos Moreno, profesor asociado del Institut d’Administration des Entreprises (IAE) de París y director científico de la cátedra Emprendimiento, Territorio e Innovación (ETI).
¿Qué propone la ciudad de los 15 minutos?
La propuesta parte de una premisa simple: que las personas puedan satisfacer seis necesidades fundamentales cerca de sus viviendas: vivir, trabajar, educarse, abastecerse, descansar y acceder a servicios de salud.
Según Moreno, el objetivo no es prohibir el uso de carros, sino diseñar ciudades donde depender de ellos deje de ser obligatorio.
El modelo plantea ciudades policéntricas, con múltiples centralidades y servicios distribuidos estratégicamente para reducir desplazamientos largos y contaminantes.
“Es ante todo un proyecto de calidad de vida”, explicó el urbanista, considerado una de las figuras más influyentes de Europa en sostenibilidad y agenda verde.
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Medellín enfrenta una paradoja urbana
La discusión cobra especial relevancia en Medellín, una ciudad marcada por una geografía compleja y un crecimiento urbano acelerado.
La capital antioqueña enfrenta el desafío de desarrollar barrios más autosuficientes sobre un territorio montañoso, con viviendas distribuidas en laderas y pendientes que dificultan la conectividad.
Y aunque se han impulsado innovaciones en movilidad y transporte integrado reconocidas internacionalmente, como el Metro y el Metrocable, el problema es que el deterioro de la movilidad sigue avanzando.
Según la Corporación de Transportadores Urbanos de Colombia (CTU), los trayectos en bus en Medellín y el Valle de Aburrá tardan actualmente, en promedio, 50 minutos más que hace cinco años.
Antes de la pandemia, en 2020, un recorrido promedio tomaba una hora y cinco minutos. En 2025, ese mismo trayecto tarda cerca de una hora y 55 minutos. En algunas rutas metropolitanas los viajes alcanzan hasta tres horas y media.
Para el gremio transportador, el impacto ya se refleja en pérdida de productividad, deterioro del bienestar y menor acceso equitativo al transporte eficiente.
Déficit vial y exceso de carros agravan la movilidad en Medellín
La CTU atribuye buena parte de la crisis al déficit histórico de infraestructura vial para soportar un sistema multimodal robusto en el Valle de Aburrá.
Según el gremio, el crecimiento urbano de Medellín no estuvo acompañado de inversiones suficientes en movilidad pública.
Uno de los datos más críticos refleja el nivel de saturación vial: Medellín necesitaría construir un espacio equivalente a dos Parques del Río únicamente para albergar los carros que actualmente ocupan las vías mediante parqueo irregular.
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Además, según estudios, el 40% de las vías de la ciudad estaban colapsadas por mal parqueo. Mientras otras capitales avanzan con peatonalizaciones masivas y medidas tributarias para desincentivar el uso del vehículo particular, Medellín todavía no registra transformaciones estructurales en esas estrategias.
“En infraestructura no estamos viendo ningún tipo de crecimiento y estamos conscientes de que esto es un espacio finito, no hay para dónde crecer el Valle de Aburrá”, afirmó en declaraciones pasadas Jimmy Alexis Gómez Ossa, presidente de la CTU.
La crisis de vivienda también limita el modelo
América Latina enfrenta barreras estructurales para implementar este tipo de ciudades.
Una de las principales es la crisis de la vivienda, impulsada por la gentrificación, la oferta limitada, la creciente demanda y el auge turístico, expulsa cada vez más población local hacia periferias alejadas y barrios informales con acceso precario a servicios básicos.
“La vivienda se ha convertido en una centrifugadora”, explicó el urbanista en una entrevista pasada con EL COLOMBIANO.
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El riesgo de profundizar desigualdades urbanas
Pese a sus beneficios ambientales y sociales, el modelo también enfrenta críticas.
Pablo López, especialista de desarrollo urbano del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), advirtió que la “ciudad de los 15 minutos” podría profundizar brechas urbanas si solo se desarrolla en sectores privilegiados.
El riesgo es que barrios con mayores ingresos concentren parques, equipamientos y servicios cercanos, mientras las periferias populares continúan dependiendo de viajes largos y costosos. Además, factores como inseguridad, informalidad y debilidad del transporte público pueden distorsionar el modelo.
Según López, una implementación parcial podría terminar creando microterritorios desconectados y reforzando fronteras invisibles dentro de las ciudades.
El reto de Medellín
Desde la óptica de Moreno, el principal reto sigue siendo político. El urbanista considera que los gobiernos locales y el nacional todavía no dimensionan el impacto estratégico que tiene la proximidad urbana sobre la calidad de vida, la sostenibilidad y la competitividad de las ciudades.
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“Despertar a los gobiernos locales para que tomen conciencia de que la proximidad policéntrica es un elemento estratégico. Me duele que el gobierno del presidente Petro, que habla de la cuestión climática, nunca se ha interesado en estos problemas; ignora sus ciudades cuando son el 78% del país. No es suficiente decir que tenemos que dejar de utilizar el petróleo y el gas”, afirmó Moreno.
Aseguró que Colombia tiene el potencial para convertirse en referente regional en urbanismo sostenible si existe articulación para desarrollar macroproyectos de ciudad.
Algunos referentes en Colombia
En Colombia, los referentes más visibles de este modelo urbano están en Bogotá y Cali. Uno de los casos más representativos es el de Amarilo, que hace unos años puso en marcha en la capital del país el concepto de “Ciudad dentro de la ciudad”, una estrategia urbanística que busca expandirse al mercado paisa.
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Según la constructora, el objetivo no ha sido únicamente levantar edificios, viviendas u oficinas, sino desarrollar entornos inclusivos, seguros y sostenibles, donde convivan proyectos VIS y no VIS, y en los que los ciudadanos tengan acceso cercano a servicios esenciales como instituciones educativas, centros de salud, espacios recreativos, comercio, seguridad y vías de conexión.
En Cali, específicamente en el barrio San Pascual, también avanza una iniciativa alineada con este modelo. Allí, Prodesa desarrolla Ágora, un proyecto dentro del plan Ciudad Paraíso que integra vivienda, comercio y servicios para que los residentes puedan acceder a distintas actividades y necesidades cotidianas en distancias cortas.