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“Me gusta poder ser la actriz de Betty, la fea y de Cien años de soledad”: Juanita Molina

La actriz paisa habló con EL COLOMBIANO sobre sus proyectos del 2026, entre los que están la tercera temporada de Betty, la fea: la historia continúa y la segunda temporada de Cien años de soledad.

  • La actriz paisa Juanita Molina durante la grabación de una escena. Foto Cortesía.
    La actriz paisa Juanita Molina durante la grabación de una escena. Foto Cortesía.
hace 3 horas
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Son pocas las actrices colombianas que en un solo año han hecho el recorrido que Juanita Molina en 2026: hizo parte de Dear Killer Nannies, la serie creada por Juan Pablo Escobar, hijo de Pablo Escobar, donde cuenta desde otra perspectiva cómo fue su infancia, estrenada en abril; hace dos semanas pasó a ser parte de la segunda temporada de Cien años de soledad como Meme, y el 28 de agosto regresará como Mila, la hija de Betty y Armando, en la tercera temporada de Betty, la fea: la historia continúa.

Molina, de Medellín, comenzó a actuar cuando todavía vivía en la ciudad y estudiaba en el colegio Marymount. Su primera aparición fue en la serie web Primíparos, que coprodujo con un amigo y a la que llegó después de haber sido presentadora de Ciudad Escuela, del canal Telemedellín.

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Aunque su raíz, como ella misma lo dijo, siempre ha sido la actuación, después de terminar el colegio Juanita llegó a Bogotá a estudiar comunicación social y artes escénicas. Terminó estudiando en Casa Ensamble y, luego de su primer papel, una aparición “minúscula” en A 2,50 la cuba libre, dio el primer paso que la llevó a realizar castings para pequeños roles en canales regionales, hasta que llegó a Noobees, una serie juvenil de Nickelodeon, proyecto que logró que se dedicara de lleno a la actuación.

Una década después, Juanita ha llegado a la televisión, no solo nacional, sino también a las grandes plataformas de streaming. Además, por estos días se está presentando por primera vez en el Teatro Nacional, en Bogotá, un paso no menor para cualquier actor colombiano.

EL COLOMBIANO conversó con Molina sobre lo ha aprendido en este recorrido, del miedo y el perfeccionismo, y de cómo ha empezado a entender la actuación desde un lugar menos exigente y más cercano al juego. También cuenta qué encontró en Betty y Cien años de soledad y hacia dónde quiere llevar ahora su carrera.

Comenzó a formarse como actriz desde muy joven y seguramente hubo momentos en los que tuvo que hacer cosas que nunca imaginó. ¿En algún momento enfrentarse a ese mundo nuevo la hizo sentir incómoda?

“Creo que una gran señal siempre va a ser la incomodidad. Siento que ese momento en donde uno está expandiendo lo que es implica como un dolorcito, como cuando uno está creciendo y le duelen los huesos. Lo mismo, creo, con el aprendizaje.

En muchos momentos ha habido incomodidad, no mala, supernecesaria. Pero para mí siempre el estudio ha sido un lugar de mucho deleite y de mucho placer”.

A mí me encanta estudiar, me encanta ir a un salón a que alguien me cuente y sentir que no sé nada, preguntar. Y siempre he sido curiosa. Entonces, aunque haya incomodidad, creo que prevalece la sensación de asombro que me permea siempre que entro a un salón de clase.

Me encanta ese sentimiento de salir de clase como: “Todo lo que aprendí hoy, wow”, y después ver cómo uno lo aplica a la vida y a lo que uno hace.

Entonces creo que siempre ha habido incomodidad a lo largo de la carrera, pero también una sensación de asombro y de querer saber más, como de no sentirse llena. Y entonces cada taller va abriendo una nueva puerta de nuevos conocimientos que no tenía idea de que existían”.

Cuando uno está por fuera del mundo de la televisión puede tener muchos imaginarios sobre cómo funciona. ¿Qué la sorprendió de ese universo una vez estuvo adentro?

“Algo que a lo largo de mis 20 me ha sorprendido es que el sueño no se vive como se sueña. Y eso no es ni bueno ni malo, simplemente es distinto. Uno muchas veces cree que cumplir el sueño, vivir el sueño, se va a sentir de una manera y muchas veces es, de pronto, más solitario, más doloroso o más increíble de lo que uno se imaginó.

Creo que me ha impactado el aguante físico que uno necesita para ser actriz. Es muy físico, sobre todo cuando uno está grabando novelas. Uno sí se imagina que necesita como una gran capacidad para ser la protagonista, pero en realidad lo que uno necesita es un aguante mental y físico muy grande para llevar lo que implica, no sé, seis meses de grabación.

Y uno grabando de lunes a sábado, 12 horas, 20 escenas al día. Me ha sorprendido mucho la manera en la que la mente se adapta cuando uno está grabando novelas. Cuando yo estaba grabando novelas, la mente coge como un flujo de aprenderse las cosas así.

Pero creo que no me ha llegado ninguna sorpresa maluca. Afortunadamente, nunca me ha tocado probar ninguno de estos mitos. Creo que siempre he estado como muy protegida.

También es que uno escoge con quién se rodea, hasta dónde deja entrar a las personas, hasta dónde habla, hasta dónde comparte su vida. Pero igual ha sido, en medio de todo, aprendizajes muy desde el amor y desde lo bonito”.

Esa resistencia física debe ser aún mayor cuando se interpreta a una protagonista. ¿Qué la hizo descubrir Romina poderosa, su primer protagónico?

“Creo que me tocó aprender mucho, a manera de contraste. Aprendí mucho la importancia del tiempo, no teniendo tiempo; aprendí mucho la importancia de dosificar la energía, no teniendo energía. Yo había sido una persona que nunca se cansaba, inagotable. Y en Romina comprendí lo que era estar cansada.

Yo terminé Romina en un estado de cansancio absoluto. De ahí hice una obra de teatro, de ahí hice Betty, la fea. Fue una época de mi vida superabundante, hermosísima, en donde también tuve que aprender que uno se cansa, que el cuerpo llega a un límite y que pasar ese límite tiene consecuencias físicas y mentales.

A mí me costó mucho tiempo recuperarme mentalmente. Yo estaba en unos estados de cansancio en los últimos años en los que decía: “¿Quién soy? ¿Quién es esta persona? Es que yo no sé quién soy, no me reconozco”. Aprendí mucho también la importancia que tienen los procesos creativos y el descanso. Yo sé que el descanso es un privilegio, que en un país, sobre todo como el nuestro y en Latinoamérica, descansar es un privilegio que no todo el mundo se puede permitir.

Fue un aprendizaje de cómo se dosifica la energía porque yo siento que los actores tenemos podemos hacer algunos paralelos con los atletas, porque a veces nos concibo como una especie de atletas de lo emocional, y sé que para estar al 100 cada vez que grabo o estoy en el escenario, debo tener unos cuidados específicos”.

¿Y esa primera experiencia como centro de una historia le hizo sentir miedo en algún momento?

“Sí. A mí me ha pasado algo con el miedo y es que lo he sentido millones de veces, pero nunca me ha paralizado, sino que, por el contrario, específicamente en lo laboral, el miedo me impulsa a moverme más.

Cuando estaba arrancando Betty, por ejemplo, sentía miedo de no estar preparada todavía para hacer esto, de que el personaje no estuviera, lo que fuera. Entonces consigo un coach que me ayude y lo preparamos. La preparación, el ensayar, el prepararse combate al miedo. Como que la acción es lo que me ha ayudado a combatirlo.

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Obviamente me ha pasado en momentos en donde el miedo se ve más reflejado en el perfeccionismo. Soy superperfeccionista y he aprendido que el perfeccionismo es puro miedo enjaulado a no querer hacerlo mal, a no querer exponerse con la posibilidad de que uno se equivoque.

Por ejemplo, a veces me suelo decir: ‘No necesito hacerlo bien, necesito pasar bueno’. Y en la medida en la que me he dado cuenta de que me monto en esta frecuencia del juego, de ser juguetona, de ser descarada, como que ese filtro de juicio esté más corto, entro en esta disposición de juego.

Yo no sé si sale mejor o peor, si soy mejor actriz o no, pero está la sensación de que puedo hacer esto sin sufrir. Esto lo pensaba mucho el año pasado, que terminé muy cansada.

No puede ser que yo vaya a hacer esto por el resto de mi vida y que esto implique que cada vez que hago un personaje entre ese estado de temor y parálisis. Ya he tenido esos momentos supernecesarios para aprender, pero hoy, ya entrando a mis 30, espero que esta no sea la sensación que me acompañe durante toda mi carrera.

Yo quiero es jugar. Qué puta maravilla que le paguen por ir a jugar. Cuando hay gente que tiene trabajos tan serios y yo pudiendo no ser seria para ponerme a jugar.Que sí, lo tomo con mucha seriedad, pero no me gusta esa sensación de que actuar se siente como un sufrimiento. Esa no es la que yo quiero ser”.

Luego de ese personaje llegó la serie Betty, la fea: la historia continúa. ¿Qué significó para usted hacer parte de la continuación de una de las telenovelas más importantes de la televisión colombiana?

“Fue muy importante porque siempre hizo parte de ese imaginario colectivo desde que crecí, porque cuando Betty salió yo tenía dos años. Entonces, estaba muy chiquita como para disfrutarla en ese momento.

Y ya cuando entré fue, obviamente, supericónico, pero estar en Ecomoda y tener relación con los personajes también fue un reto: ver de qué manera cabía yo dentro de este mundo, qué arquetipo entraba a cumplir dentro de este universo. Fue un trabajo muy largo descubrirlo. En realidad, hasta que vi las primeras dos temporadas entendí un poco qué rol entraba a jugar yo en ese universo, qué tinte humano entraba a aportar Mila.

Fue un desafío muy grande y una gran escuela para aprender a hacer comedia. Eso lo siento hoy, ahoritica, haciendo teatro. Estoy haciendo una comedia y lo siento en la forma en la que ya escucho al público, en el timing que ya tengo, en los contrastes que sé que genero.

Creo que todo eso se lo debo en gran medida a Betty, porque estaba con actores increíbles de comedia que tenían todo el recorrido del mundo.Entonces, como era la más chiquita, siempre entraba desde el lugar de ser la esponjita, de ver y absorber todo lo que podía de lo que iba viendo y de la gente que también me iba dando consejos”.

¿Y qué lugar en su vida tiene la segunda temporada de Cien años de soledad?

“Yo agradezco mucho que Cien años de soledad me hubiera llegado en el momento en que me llegó, porque siento que estaba demasiado preparada para lo que el proyecto necesitaba. De los casi 10 años que llevo actuando —que no son muchos, pero tampoco son tan pocos—, creo que me cogió en el mejor momento, cuando tenía muchas más herramientas que si me hubiera llegado hace cinco años.

Para mí, fue un hito, un antes y un después en mi carrera, sobre todo porque me desbloqueó una nueva identidad: descubrí que podía ser la actriz de Cannes. Sé que puede sonar extraño, pero lo que descubrí de mí en ese proyecto, los lugares a los que llegué actoralmente, la manera en que tuve de estar abierta y de escuchar, de dejarme dirigir me hizo decir: ‘Ah, es que yo no soy solo la protagonista de telenovela’. Si quiero hacerlo, puedo ser la actriz que aspira a este otro tipo de proyectos, a estos otros textos.

Entonces, esta serie fue un poco la muerte de la actriz que yo pensé que era y el nacimiento de la actriz que puedo ser. También me dejó mucha claridad respecto a hacia dónde me gustaría dirigir mi carrera, sabiendo que todo puede pasar y que la vida siempre tiene maneras increíbles de sorprenderlo a uno.

Es muy bonito tener la posibilidad de estar en dos proyectos con la marca Colombia tan por delante, de maneras muy distintas. Uno siendo un proyecto más comercial, más cómico, y el otro siendo mucho más solemne, poético, histórico, con una relevancia social muy importante. Me gusta poder ser la actriz que está en Betty, la fea y hace Cien años de soledad”.

Y hay una serie que también plantea una tercera visión de Colombia, que es Dear Killer Nannies, que cuenta un episodio complejo de la historia de Medellín...

“Ese proyecto fue muy interesante de hacer. Desde que empecé a leer el guion me captó de una manera impresionante.También me fui enterando, a medida que pasaban los días, de la magnitud del proyecto en el que estaba. Al principio no nos dieron mucha información. Yo sabía que iba a ser una sicaria, pero no sabía de qué, no sabía nada. Estaba todo muy reservado y fuimos descubriendo poco a poco lo que había detrás.

Aprendí mucho, sobre todo ahora que salió, porque tenía mucho miedo de la manera en la que la gente lo fuera a recibir. Lo estrenamos en Francia y fue muy lindo porque creo que el público de allá estaba más abierto a recibir la historia, porque no tienen la herida que tenemos nosotros, que es superentendible.

Y cuando salió acá, yo estaba lista, preparada para la funada, para el hate. Me dije: “Yo me he preparado también para esto. Yo puedo aguantar esto. He aguantado peores”. Y, ¡oh, sorpresa! La cantidad de gente que me escribió por lo que le había gustado la serie, mi actuación y el personaje...

Entonces fue valioso, precisamente porque creo que la serie también plantea algo muy incómodo: que nosotros no estamos definidos por nuestro pasado ni por quienes vinieron antes. Uno no tiene por qué cargar los dolores de los papás. A uno no lo define si el papá fue X o Y. Uno no decide qué carga en la maleta, pero sí decide qué hace con lo que le tocó cargar.

Para mí, haber tenido la oportunidad de estar sentada en una mesa con Juan Pablo, escuchando las historias de su papá y de su vida, también fue una cachetada a mis propios prejuicios y a mis maneras de juzgar a la gente.

Y creo que algo que amo de este proyecto es que deambula en los grises, y yo soy muy fanática de los grises. Los personajes están construidos desde lugares grises, luminosos y oscuros. No es solo que los matones siempre sean malos, ni tampoco que los protagonistas sufridos sean únicamente buenos. Son personajes que deambulan por las complejidades humanas, como nos pasa a todos”.

¿En qué actriz le gustaría convertirse?

Mi objetivo en este momento es hacer cine. Es el formato que me falta. Y quiero empezar a trabajar afuera. Me encantaría hacerlo en Argentina, de pronto en México, en España, en Estados Unidos también.

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Creo que una de las enseñanzas más grandes que me ha dejado la carrera estos últimos años es que no tengo que tener claro el cómo, sino el qué. Y hoy tengo la claridad de que quiero ser una actriz que puede disfrutar lo que hace, cualquiera sea el escenario que le toque: así sea volver a protagonizar una telenovela, porque benditas sean también las telenovelas, una serie, teatro o una película.

Ya sea lo que sea que esté haciendo, quiero poder ser la actriz que sigue asumiendo sus papeles con todo el compromiso, que no le tiene miedo a la incomodidad y que se puede permitir sentirse ridícula, porque a través del ridículo es que uno llega a ser cada vez mejor.

Creo que esa es la actriz a la que hoy me estoy encaminando y la identidad en la que me estoy parando. Ya la vida se encargará de decirme: ‘¿Es aquí, es allá o es de esta manera?’. Creo que eso le trae a uno menos frustraciones”.

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