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Belisario Betancur

Andrés Pastrana reflexiona sobre el legado de Belisario Betancur

  • El presidente Belisario Betancur falleció el pasado 7 de diciembre, a los 95 años. FOTO: Colprensa
    El presidente Belisario Betancur falleció el pasado 7 de diciembre, a los 95 años. FOTO: Colprensa
  • El expresidente Andrés Pastrana escribió sobre Belisario Betancur. FOTO: Colprensa
    El expresidente Andrés Pastrana escribió sobre Belisario Betancur. FOTO: Colprensa
ANDRÉS PASTRANA ARANGO | Publicado el 09 de diciembre de 2018

Le ha entregado su alma a Dios y su obra política a la Historia el presidente Belisario Betancur, uno de los grandes estadistas colombianos del siglo XX. Antioqueño hasta los tuétanos, paisa de ruana y carriel, amigo del aguardiente, los bambucos y los fríjoles, bohemio y poeta, el destino lo llevó a enfrentar las crisis más graves que ha vivido el país después del horror del “Nueve de abril”, como lo fueron, sin duda, la toma del Palacio de Justicia por el M-19, aliado para ese efecto con los narcotraficantes, la avalancha de Armero y el asesinato vil del doctor Rodrigo Lara Bonilla, episodio con el cual el Cartel de Medellín le declaró la guerra a la sociedad y al Estado colombianos.

Si tuviera que definir en una frase el rasgo más destacado y característico de Belisario Betancur como estadista y como gobernante, diría que fue un hombre de paz, al que paradójicamente las circunstancias obligaron muchas veces a vestir la armadura del guerrero. Los inicios de su vida política fueron duros, muy duros. Desde su amada Medellín hasta las frías cumbres bogotanas su trayectoria nunca fue un sendero de rosas, pues tuvo que pisar muchas espinas y – como se dice en el lenguaje político nacional – “comerse muchos sapos”. Conservador de talante y de formación, formó parte del que se llamó con justicia “El Batallón Suicida” que en nombre de su partido, de su formación demócrata y de su nobles ideales se enfrentó, armado solo de una pluma y del rico arsenal del que le surtía su privilegiado cerebro, al gobierno del general Rojas Pinilla. Así, transitando los áridos senderos de la oposición aprendió a ser líder, y cuando el país regresó por la senda de la democracia ya todos sabían que ese joven antioqueño, amable, bonachón y sencillo, dueño de una inteligencia excepcional y de una vastísima cultura, algún día sería presidente de Colombia.

Yo no conozco en la historia de nuestra nación otro estadista que haya luchado con tanto tesón y constancia por lograr su sueño, que es el de todos los que amamos la política, de alcanzar la Presidencia de la República. Derrotado una y otra vez, volvía pronto a la lucha, siempre rebelde, siempre brillante, siempre digno. Captó como nadie la esencia de la doctrina conservadora, que es la Justicia Social. Y a esta causa dedicó su lucha.

Y a la Paz. Belisario Betancur fue un abanderado incansable y sin claudicaciones por la paz, el gran anhelo de su mandato. Hizo esfuerzos sobrehumanos, trabajó día y noche, tocó todas las puertas, desplegó una paciencia infinita y un poder de convicción demoledor, en su propósito de convencer al país de las bondades de alcanzar una paz negociada con la subversión. Pero la soberbia delirante de los alzados en armas, que creían torpemente que por medio de los fusiles llegarían al poder, y que a la buena fe y a la generosidad expuestas por el gobierno respondieron atacando el Palacio de Justicia y asesinando a sus ocupantes, frustró sus propósitos. Pero la semilla que sembró sigue viva, y algún día, que ojalá llegue pronto, brotará frondoso ese árbol que sembró Belisario y Colombia podrá finalmente vivir en paz.

Unos días después de los hechos del Palacio de Justicia fue la naturaleza la que desató su furia contra la noble población de Armero, sumiendo a sus habitantes y al país entero en un dolor de profundidades inconmensurables.

Ambas tragedias las enfrentó el presidente Betancur con coraje, mucho valor y sentido de Patria. Estoy seguro de que cuando se calmen las pasiones que aún perduran y la pátina del tiempo haya extinguido los odios fratricidas, la historia dará su veredicto y dirá que Belisario Betancur obró pensando primero en Colombia.

Tuvo con mi padre una relación política de altibajos. Compañeros de generación y de partido, hijos ambos de la fértil provincia colombiana y del Frente Nacional que los hizo inmunes al sectarismo partidista, la dinámica política los llevó, casi que inevitablemente, a disputarse la Presidencia de la República y el favor del partido Conservador. Pero años después mi padre, ya expresidente y jefe del Partido, apoyó con decisión y firmeza la candidatura presidencial del doctor Betancur, que con las banderas del “Movimiento Nacional ” ganó las elecciones de 1982. Y el país sabe que sin apartarse un milímetro de la Constitución Nacional, como mandatario el presidente Betancur fue leal y generoso con su Partido Conservador.

Personalmente, guardo del señor expresidente los más gratos recuerdos. En alguna ocasión me ofreció la Alcaldía de Bogotá, ofrecimiento del que me sentí muy honrado y que comprometió para siempre mi gratitud con el presidente Betancur, pero que finalmente no acepté, pues había decidido que lucharía por el cargo cuando se aprobara la elección popular de alcaldes, que se dio unos años después. Y cuando fui candidato a la Presidencia y luego como presidente, siempre conté con su respaldo y con su consejo valioso y sabio.

Que descanse en paz, señor presidente. Hoy su nombre ha sido inscrito para siempre en la historia de Colombia. Jamás lo olvidaremos.

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