Feroz en la piscina y hambriento de gloria, se sensibiliza hasta las lágrimas al ver a su hijo de tres meses.
Michael Phelps mostró dos caras en Río: la del competidor insaciable, que siempre quiere más, y la del padre de familia que daría cualquier cosa por estar con los suyos.
Nunca fue de lagrimear mientras batía un récord olímpico tras otro, hasta llegar a marcas a las que probablemente nadie vuelva a acercarse. En Río, sin embargo, lloró en el podio luego de algunas de sus victorias. “Es que no veía la hora de alzar en mis brazos a Boomer”, su hijo de tres meses, confesó sin pudor. “Siempre miro hacia la tribuna para ver a mi madre, a Nicole (Johnson, su prometida) y a Boomer”.
Phelps anunció su retiro luego de Londres-2012. Tenía en su...
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