Hace diez años, España estaba ubicada en la lista de los países más cumplidores con los estrictos parámetros económicos de la Unión Europea. Años antes, en 1996, era aspirante a entrar en la zona euro, y para ello le habían impuesto unos duros requisitos que muchos analistas juzgaron imposibles de cumplir.
No obstante, durante el primer gobierno de José María Aznar (1996-2000), una exitosa gestión económica les permitió superar el examen de la Unión Europea, y fue así como, a partir del primero de enero de 2002, en España desapareció la vieja peseta y comenzó a circular el euro.
Pero el éxito económico incubó un enemigo mortal: la sensación de ser nuevos ricos, de sentirse equiparables a las potentes economías de Alemania y Francia, y de poder hablarle de igual a igual a la arrogante Inglaterra.
Y de allí, caer en el peor pecado según los economistas: instalarse en un sistema político ebrio de derroche (ver recuadro) y de gastos muy superiores a la verdadera capacidad financiera del Estado.
La gestión del PSOE
En marzo de 2004, dos días después de los sangrientos atentados en estaciones de trenes de Madrid (192 muertos), el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) gana las elecciones generales. José Luis Rodríguez Zapatero, su Secretario General, asume en junio la Presidencia del Gobierno, y da inicio a uno de los mandatos más controvertidos de la joven democracia española. Políticos socialistas de toda la vida, como el expresidente madrileño Joaquín Leguina, no dudan en calificar a Zapatero como “el peor y más calamitoso presidente de la democracia española”.
A partir de 2006, dos años después de asumir su mandato, Zapatero es advertido desde todos los flancos, incluido su propio partido (por boca del expresidente Felipe González, gran tótem del socialismo) que España se verá abocada a una crisis de grandes proporciones si no se toman medidas económicas urgentes. Zapatero y sus ministros, no obstante, se instalan en la negación, y desmienten cualquier asomo de crisis.
Hasta el Premio Nobel de Economía 2004, Finn Kydland, había advertido ese año (2006) que “España está enferma, aunque viva una fiesta a crédito”. Dos años después, en 2008, Zapatero es reelegido por los españoles, y el 24 de septiembre de ese año, ante un auditorio de economistas y financieros de toda Europa, Zapatero asegura: “Tenemos el mejor sistema financiero de la comunidad internacional. El más solvente y con los mejores indicadores”. No tendría que pasar mucho tiempo para que la realidad mostrara el hueco financiero de la banca española y la necesidad de que el Estado (mejor dicho, la Unión Europea) acudiera a su rescate, en principio, con 100.000 millones de euros.
La vuelta del Partido Popular
Ante la magnitud del desastre, Zapatero y el PSOE tuvieron que terminar su mandato antes de tiempo y convocar elecciones anticipadas. Como se preveía, ganó el PP, por mayoría absoluta, y a Mariano Rajoy le tocó destapar la bomba que le dejó Zapatero. Esa bomba ya explotó, y muchos dudan de la capacidad de Rajoy para sacar adelante al país.
La banca española está en situación de rescate, y varias comunidades autónomas (regiones), en quiebra técnica, ya anunciaron que pedirán también rescate financiero al Gobierno. Éste, por su lado, niega que el Estado español vaya a ser rescatado, como Grecia y Portugal. No obstante, antes del rescate europeo a la banca, también Rajoy y sus ministros negaron hasta el último minuto que ello fuera ocurrir.
Rajoy se ve desbordado por los acontecimientos y sus ministros se contradicen todo el tiempo. Los mercados financieros tienen acorralado el país. La capacidad comunicativa del Presidente español es peor de lo que sus propios opositores decían.
Hoy, con el mayor desempleo de toda Europa, en recesión y decrecimiento económico, la realidad española es tan incierta que, paradojas de la vida, sus ciudadanos migran al resto de Europa y a Latinoamérica a buscar futuro.
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