De vez en cuando encontrado Juan Felipe, esta vez no en la calle ni en la universidad sino en un portal de la Red (Flickr), en el que usted coloca sus fotografías, que giran en torno a un concepto: aquí está el futuro, como alguna vez me dijo.
Y es claro que el futuro está en lo que vemos, en el presente que capturamos (como sucede con las fotos), que es el que da paso en el tiempo, el espacio y el relato, en esa historia que está ahí y que tiene la posibilidad de avanzar, estancarse o irse atrás, todo depende de qué hagamos con ella. ¿Qué pasará con el gato, con la flor, con la mirada, con el cuadro rebosante de colores, con el muchacho que toca el contrabajo? ¿Qué espacio le vamos a dar a esa propuesta de vida, que a veces es continua como las perspectivas que se ven cuando usted retrata la ciudad, la calle, la casa? Porque las cosas están ahí, el movimiento detenido también, igual que la corteza terrestre donde solo es viable darnos.
El problema del futuro, querido Juan Felipe, no es teórico. Es práctico. Lo que va a suceder no depende de la esperanza ni de lo ilusorio, de la ensoñación ni de los milagros, asuntos estos que están regidos por el azar y generan más frustraciones que logros. Lo que va a suceder está ahí y depende de la dirección que le demos, en la capacidad de creer que esto que vemos hoy es una posibilidad de mejorar, pero no solo porque lo creemos sino porque eso (lo que Martín Buber llama el Das) es la estructura básica para sostener más de eso que representa. En la figura de un músico joven, por ejemplo, está inscrito el inicio de un gran músico, si lo potencializamos bien. En la calle que se integra a la ciudad, hay más ciudad si la trabajamos. La potencia lleva al acto.
En el asunto del futuro (que solo evaden los animales), querido Juan Felipe Gómez (apellido que aquí es cristiano y en Estambul judío), no hay más opción que la construcción. Eso que los norteamericanos llaman innovación, que no consiste en propiciar cambios radicales sino en mejorar lo que se ha hecho hasta el momento. Es que sin fundamentos nada se sostiene y por eso hay que construir encima. Es para no comenzar de cero y aprovechar lo que se ha hecho, si está bien hecho. Y es claro (y más ahora que hablamos de independencias y bicentenarios) que el independizarse no es separarse sino darle más opciones a lo que vemos, hacemos y sabemos. Así el futuro no es un deseo sino de ir a la acción (al hecho). Todo depende de ver más y soñar menos.
Juan Felipe Gómez T., profesor de arquitectura en la UPB. Amante de los gatos, la fotografía y del concepto de que el futuro está ahí, en el arte, la arquitectura, la naturaleza, el hombre y la mujer. Las máquinas llegarán por adición. Ellas son el pasado. Me gustan sus tantas cámaras, que son tantas miradas.
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