<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
HISTÓRICO
Aguirre pintó un cuadro de libertad
  • Aguirre pintó un cuadro de libertad | Para Gonzalo Arango, Alberto era “un oasis adonde hemos arrimado una generación de escritores antioqueños a escamparnos del desierto, a preguntar por un camino”. FOTO ARCHIVO
    Aguirre pintó un cuadro de libertad | Para Gonzalo Arango, Alberto era “un oasis adonde hemos arrimado una generación de escritores antioqueños a escamparnos del desierto, a preguntar por un camino”. FOTO ARCHIVO
Por LILLIANA VÉLEZ DE RESTREPO JOHN SALDARRIAGA | Publicado el 03 de septiembre de 2012

Nunca le tuvo miedo a la muerte y de hecho, con frecuencia, recitaba el verso de Santa Teresa de Jesús : ‘Ven muerte, tan escondida, que no te sienta venir, porque el placer de morir no me vuelva a dar la vida’.

Quizás por ello, y porque se cumplió su voluntad tantas veces compartida con Aura López , su compañera de los últimos 40 años - “quiero morir de una forma rápida y sin que nada me duela”-, se consuela ella ante la pérdida de Alberto Aguirre Ceballos .

Como afirma Héctor Abad Faciolince , “Aguirre fue muchas cosas”: abogado, magistrado, periodista, editor, crítico de cine, poesía y literatura, librero, comentarista de fútbol, jugador de tenis de mesa, fotógrafo y columnista de los periódicos El Diario, El Espectador, El Colombiano y El Mundo. En los dos últimos, así como en la revista Cromos, escribió por más de 40 años la columna Cuadro, su tribuna más reconocida y polémica.

Fue el primer editor de El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez ; de las obras completas de León de Greiff ; del novelista Arturo Echeverri Mejía y del Libro de los viajes o de las presencias, de Fernando González , entre otras producciones.

No es que fuera inconstante. Al contrario, como bien lo dijo Gonzalo Arango , Alberto Aguirre poseía “una virtud admirable: cada que triunfa tira los laureles y se embarca en nuevas aventuras. No se deja coronar por la frágil gloria de adormidera que se ciñen los hombres mezquinos”.

Alberto Aguirre falleció en la madrugada de ayer, en el Hospital Pablo Tobón Uribe, víctima de un derrame invasivo que le dio el viernes en la noche.

Algunos, los más cercanos a Alberto Aguirre , cuentan que en sus últimos años no escribía. Que ya no iba al centro. Que no volvió a pisar los bares en las mañanas, como el Caracas, a leer periódicos. Que no había vuelto a ver cine. Que ya apenas sí se le veía, de vez en cuando, caminando cerca de su casa, en Carlos E. Restrepo. Y hubo uno de ellos que lo vio tomándose una cerveza. Pero nada más.

Y, sin duda, esas cosas que no le veían hacer en los últimos años -casi desde que se alejó de los medios- eran esenciales en su vida.

“Alberto le va a hacer mucha falta al país. A mi juicio él era, en primer lugar, el colombiano más libre que yo he conocido. Y en segundo lugar, el crítico más eficaz de una sociedad, no únicamente la de Medellín y Antioquia, sino de Colombia; un crítico punzante de los que hace mucha falta”, recuerda el abogado y amigo Carlos Gaviria Díaz .

Fundó y refundó, en los años 50, el Cine Club de Medellín. Lo refundó en 1956, luego de que la presión de la iglesia lo hubiera hecho cerrar y, por tanto, el mismo Alberto tuvo que convencer al arzobispo de Medellín, Joaquín García Benítez , para que dejara volver a abrirlo, con el argumento de que “el Cine Club no es para ver cine; es para aprender a ver cine”.

Su meta iba más allá. Héctor Abad recuerda que fundó también el Cine Club de Colombia con Gabriel García Márquez y Álvaro Cepeda Samudio. “Se reunieron en Barranquilla, hicieron los estatutos, pero después Cepeda se emborrachó y los estatutos se perdieron, con lo cual la Federación de Cine Clubes de Colombia se murió al nacer”.

El autor de El olvido que seremos dice que a pesar de su aparente dureza, porque usaba mucho la ironía y el sarcasmo, en la intimidad era una persona de inmensa simpatía y dulzura.

Esta apreciación coincide con la del periodista cultural Bernardo Hoyos, quien lo conoció en 1951 y participó con él en la fundación del Cine Club de Medellín: “Era de un humor extraordinario. Reía con franqueza. Tal vez, como a él le dio duro la vida, pudo haber perdido un poco de esta característica al final de sus días”.

Alberto fue fiel a sus principios, evoca el poeta Óscar Hernández Monsalve . “Un hombre recto, muy inteligente y gran trabajador de la cultura. Junto a Manuel Mejía Vallejo , Carlos Castro Saavedra y yo, fundó 25 bibliotecas en Medellín”.

Concluyentes son las palabras de Héctor Abad Faciolince para dimensionarlo: “Creo que muchos escritores de esta ciudad le debemos a él el hecho de no haber dejado de escribir. Gonzalo Arango dijo que no se había suicidado gracias a Alberto Aguirre. Creo que lo mismo le pasó a Carlos Castro Saavedra y algo parecido me pasó a mí: fui capaz de seguir escribiendo gracias a él, al impulso, los ánimos y la fuerza que me dio la amistad de Aguirre”.