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HISTÓRICO
Al filo de la frontera
Santiago Silva Jaramillo | Publicado el 23 de enero de 2012
La frontera con Venezuela se ha convertido en los últimos meses en quizás la región más importante para el esfuerzo bélico del Estado colombiano contra las Farc.

El pasado martes 17 de enero, el presidente Hugo Chávez acompañó al general Henry Rangel en su posesión como nuevo Ministro de la Defensa de Venezuela. Esta designación se ha visto en Colombia como un acto hostil, gracias a las conocidas relaciones (soportadas por los correos del computador de alias ' Raúl Reyes' ) entre Rangel y las Farc. El general venezolano también acumula un poco tranquilizador prontuario como cómplice de narcotraficantes, defensor número uno del régimen de Hugo Chávez y amigo personal de alias 'Timochenko'.

Sin embargo, esta decisión se incluye dentro de las medidas que el presidente venezolano está tomando para mantener el control dentro de su país y recompensar a sus más fieles seguidores y subordinados a las puertas de unas difíciles elecciones presidenciales el 7 de octubre de este año. Chávez sabe que sus posibilidades de ganar se reducen cada día que pasa, en que la economía se encoge, el desempleo aumenta y la inseguridad y violencia explotan por las calles de Caracas.

Por supuesto, con los últimos acontecimientos en la frontera, la relación y cooperación entre Colombia y Venezuela se ha vuelto todavía más importante. Entre estas circunstancias se encuentra la designación del nuevo jefe de las Farc, alias 'Timochenko' , que se encuentra en Venezuela y el cambio de las rutas del narcotráfico de los últimos años, que han llevado gran parte de la carga hacia la frontera, buscando alcanzar la ruta de tráfico a Europa vía África.

Atender esta nueva realidad ofrece muchos desafíos para el gobierno colombiano. Por un lado, debe mantener su ofensiva contra la debilitada narcoguerrilla y su nuevo líder, mientras en un extraño equilibrio busca que las autoridades venezolanas cooperen con la persecución y presión sobre el grupo armado.

Ahora bien, Colombia no puede volver a los inocuos enfrentamientos con Venezuela y Chávez, su mejor apuesta es a que haya un cambio de gobierno este año. No podemos retomar los enfrentamientos porque esto no solo no nos ayuda a combatir a las Farc, sino que puede ayudar a Chávez, montado sobre el sentimiento anticolombiano, a mejorar sus perspectivas en las encuestas.

Por eso, la mejor estrategia que puede adoptar el gobierno colombiano consiste en, primero, evitar a toda costa darle la oportunidad a Chávez de utilizar el enfrentamiento dentro de la campaña electoral venezolana. Y segundo, apoyar todas las iniciativas regionales, particularmente la Misión de Observación de la OEA, que ayuden a garantizar la transparencia y legitimidad de las elecciones del vecino país.

Nuestra mejor arma para combatir a Chávez y eventualmente derrotarlo, es llevarlo a un punto en donde sean los mismos ciudadanos venezolanos, cansados de su mal gobierno, los que lo 'voten' fuera del Palacio de Miraflores. Todo esto para que, cuando Chávez sea derrotado, podamos construir una fructífera relación, basada en la confianza y la cooperación fronteriza, con el nuevo presidente venezolano.