<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
HISTÓRICO
Alejandro Cárdenas no cae en el olvido
Juan Carlos Monroy Giraldo | Publicado el 27 de junio de 2009
Dos álbumes fotográficos que su esposa hizo hace menos de un año para honrar su memoria y sobreponerse a su asesinato muestran a un hombre dinámico y polifacético, que sentía tanta pasión por la música como por la justicia social, la política, la ecología, el deporte o el campo.

Su familia y amigos recuerdan que Alejandro Cárdenas Villa tenía energía para todo, tanta que ese fue al mismo tiempo uno de sus defectos. "Era un acelerado... había que atajarlo", coinciden su esposa, Haydé Socorro Montoya, y sus hijos José Daniel y Lucas David.

Vestido de botas y sombrero, como tanto le gustaba, de carriel o de saco y corbata, siempre se destacó como un hombre trabajador y un demócrata.

Desde muy joven Alejandro se interesó por los temas sociales. En los años setenta, primero en bachillerato en el Liceo Antioqueño y luego en la Universidad Nacional, donde ingresó a estudiar economía, hizo parte de los movimientos estudiantiles.

En estos claustros empezó a mostrar liderazgo y actitud para ayudar a comunidades necesitadas. Sin embargo, el recelo de las directivas frente a estos grupos de jóvenes inconformes le valió la expulsión de la universidad.

Alejandro no se quedó de brazos cruzados y se fue a Córdoba a trabajar con el Movimiento Campesino y luego se radicó en Bogotá para trabajar en la revista Alternativa, una de las primeras de la izquierda en Colombia.

Pero fue en Urabá donde Cárdenas empezó a convertirse en un líder social, lo que llevó a su designación en 1985 como alcalde de Mutatá, en representación de la Unión Patriótica. "Se dedicó a organizar las comunidades para empoderarlas de su desarrollo. Fue un defensor del medio ambiente y la región de Urabá", cuenta su esposa.

También lideró junto al gobernador Antonio Roldán Betancur los acercamientos con la guerrilla, en un intento por pacificar la región. Pero, tras finalizar su gestión, debió abandonar la zona, cuando empezaron las amenazas contra los miembros de la Unión Patriótica.

A la par de su trabajo, fue un conocido melómano a quien sus amigos le atribuyen la difusión del vallenato en Medellín, cuando este género aún no tenía resonancia fuera de la Costa Atlántica. Era usual que una reunión de trabajo o política terminara en una parranda vallenata, gracias a la colección de casetes y la grabadora que siempre lo acompañaban.

Lucas David, su hijo mayor, agrega que "también era buen bailarín y caminante... y un padre responsable y amoroso".

A su regreso a Medellín en 1988 fue designado para la gerencia de Corvide en la primera alcaldía de Juan Gómez Martínez, donde realizó una destacada gestión, según el ex concejal Gonzalo Álvarez. "Emprendió un gran plan de vivienda, el más ambicioso de Corvide. Fueron grandes proyectos para los más necesitados como El Limonar, que ofreció hogar a cientos de damnificados y madres cabeza de familia (...). Lo angustiaba la situación de los más pobres".

Pero el 28 de junio de 1989, el plan contra la UP alcanzó a Alejandro Cárdenas, cuando tenía 39 años. Sicarios lo abalearon en el parqueadero de la Feria de Ganados, luego de una reunión del Gabinete Municipal. 20 años después, su asesinato sigue en la impunidad.