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Alias "Miriam" se reencontró con su familia

15 de enero de 2009
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"¿Usted es Berto?" Con una sonrisa plena, Zenaida Rueda Calderón le hizo la pregunta al hombre que se acercaba cojeando. Era su hermano Roberto, a quien dejó de ver hace 18 años, cuando ella tenía 18 y él era un niño de 8.

El hombre le respondió asintiendo con la cabeza y ambos se abrazaron fuertemente. Luego de unos segundos y frente a las cámaras, la desmovilizada guerrillera, conocida en las Farc como alias Miriam, controló las lágrimas y le volvió a preguntar: “¿Cómo sigue del pie?” El soldado profesional le respondió: “Ya estoy bien”.

Fueron las primeras palabras que se pudieron decir frente a frente, tras la fuga de Zenaida con un secuestrado el pasado 2 de enero. Aunque no se dijeron mucho, porque los micrófonos los interrumpieron.

“Me imaginaba que el reencuentro iba a ser diferente, de pronto sin cámaras y eso, pero bueno, estoy feliz de verla otra vez y de la decisión que tomó, porque hacía 18 años que no sabía nada de ella”, dijo Roberto, quien en un patrullaje con el Ejército en marzo pasado perdió parte de su pierna derecha, al caer en un campo minado en el Meta.

“No sabía que él estaba en el Ejército. El viernes pasado hablamos por teléfono, me dijo que estaba prestando servicio y que cayó en una mina que ‘sus amigos pusieron’. Le dije: “Yo no tengo la culpa, yo no la coloqué’ ”, afirmó Zenaida.

Mientras se reconocían sin perderse la mirada, Zenaida dijo que pensaba que Roberto era un campesino, el trabajador de una finca. Él confesó que creía que ella estaba muerta, a pesar de que sus padres mantenían la esperanza de volver a verla.

“Desde cuando entré al Ejército, hace siete años, sabía que ella estaba en esa organización, pero no sabía si estaba viva”, indicó Roberto.

Aunque no saben qué les depara el futuro, están convencidos en que se dedicarán a recuperar el tiempo perdido, a hablar mucho y a compartir como familia.

Zenaida también buscará ganarse la confianza de su hijo de 5 años y encontrar al que ahora tiene 17. “Ayer (el martes) gracias a Dios pude ver a mi hijo y quería abrazarlo, porque desde los 4 meses no podía tenerlo en mis brazos. Él cuando me mira es como esquivo y cuando hablé con él me dijo: ‘Si me da hartos juguetes me quedo con usted, pero que mi papá esté conmigo y estemos juntos’. Quiero que vea que soy su mamá”.

Desde cuando se fugó, Zenaida dice que le ha cambiado por completo su vida: en pequeñas cosas como en poder ponerse zapatos y jeanes, “que son mucho más cómodos que unas botas pesadas y un camuflado” y en las más importantes, ver a sus familiares y sentirlos cerca.

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