Angelino Garzón y su permanencia en la Vicepresidencia de Colombia. Severo tema, pero no esperen que pida su renuncia o que sugiera que debe continuar en su cargo, como otros han tratado de hacer en sus columnas.
No lo hago por una sencilla razón: si bien hemos visto a una persona deteriorada y con una sumatoria de dolencias, también hemos sido testigos de colas de lagarto tratando de fuetear su cara.
En resumen, esto se convirtió en una cuestión de cálculo político, donde en una orilla, muchos dicen que hay un impedido y, en la otra, Garzón les dice mamola, porque sabe que con la ayuda del Milagroso de Buga se aliviará para seguir en el cargo.
Pero al caído, caerle. A Angelino le apareció un mal adicional que complica su condición y su proceso de recuperación.
Angelino, tristemente, está traqueado. Su salud le pasó factura: operación de corazón abierto, cinco baipases, un accidente cerebrovascular, un coma temporal y ahora un tumor prostático, son bastantes males para cualquier cuerpo.
Leí con juicio la entrevista que Yamit Amad le hizo en El Tiempo a Garzón, el domingo pasado.
Allí se nota a una persona que trata de hacer entender su condición limitada y el drama familiar que vive, pues su esposa, Monserrat Muñoz , también está acosada por quebrantos mayores de salud.
Sin embargo, la otra lectura que se puede hacer es la de una persona tratando de demostrar que es capaz de seguir adelante con su papel de Vicepresidente, que no es un incapacitado, sino un discapacitado, que se aferra al trabajo, tratando de hacer y hacer como si fuera un autómata, a pesar de que está diezmado físicamente y sin la fuerza que irradiaba antes de sus dificultades de salud.
Una situación que contrasta con los bríos que había mostrado en su trayectoria política y por el leve aire que le dio al cargo de Vicepresidente, un puesto más insulso que una badea.
Lo que muchos se preguntan es si vale la pena semejante esfuerzo a costa de la propia salud o estamos ante un tipo muy porfiado.
Hay algunos que llevaron el tema de la condición de Garzón al plano de asunto de Estado, aprovechando también la coyuntura que el presidente Juan Manuel Santos vivió con su cáncer de próstata.
Digamos que el tema tiene validez. Pero ¿qué buscan detrás de esto? ¿Lo están haciendo con conciencia democrática o con el ánimo de pescar en río revuelto algún pez burocrático o una posición de poder inmerecida? ¿Roy Barreras vicepresidente?, ¿será la ocasión para que Santos se quite una piedra del zapato?
A eso me refiero. Señores, les recuerdo que hubo otros que sí debían haber renunciado a su alta dignidad por estar verdaderamente enfermos de la moral. ¿Recuerdan eso que se llamó Proceso 8.000?
La decisión, hoy, como están las cosas, pasa solamente por la mente y el corazón de Angelino Garzón .
Ahí no hay Milagroso de Buga ni Roy Barreras ni Presidente de la República ni ninguno con autoridad para decirle que renuncie.
Esto es una asunto íntimo, una decisión que Garzón debe mediar con la razón y el amor por su ser y su familia, por más servidor público que sea.
Allí está la posibilidad de que Angelino deje de ser un lío.
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