La competitividad de una región depende de la dotación de que dispone de factores productivos y de la forma en que hace uso de ellos. Y esa dotación es el resultado de procesos naturales y de procesos económicos de acumulación, que obedecen a fuerzas económicas y a estrategias competitivas de las regiones.
La gestión pública incide de dos formas en la competitividad: facilitando el uso de los factores productivos (eliminando barreras que impidan su gestión oportuna y adecuada, y generando las externalidades positivas que permitan su uso); y propiciando la acumulación de factores claves (como el capital humano), sin cuya presencia los demás factores no podrán ser cabalmente utilizados.
En todos los casos, la competitividad debe redundar en el mayor bienestar de la población de la región, y en el mejor uso de sus recursos escasos.
Durante buena parte del siglo XX, la prioridad en los mercados en vías de desarrollo fue la acumulación física de capital. La incipiente integración con mercados mundiales y el aislamiento geográfico impusieron una agenda de desarrollo centrada en el reemplazo de importaciones por producción local. Pero la integración a los mercados mundiales y la globalización han generado nuevas necesidades: se trata de aprovechar las ventajas comparativas de que se dispone, o de construir ventajas competitivas a partir de la acumulación de factores productivos claves y la creación de competencias adecuadas para administrarlos.
Un cambio de modelo
En el tránsito de un modelo a otro, Antioquia ha experimentado profundas transformaciones. Mientras en 1980, los sectores dominantes eran agricultura e industria (con una participación del 14,9 por ciento y el 30,3 por ciento del PIB regional), en 2011 esos sectores aportan en conjunto apenas el 19,3 por ciento.
Han ganado participación, en cambio, el sector eléctrico, la construcción, el comercio y los servicios (especialmente en los asociados al sector financiero).
Si bien el declive de los mencionados sectores refleja transformaciones profundas de la estructura productiva global, hay también factores regionales de indudable importancia, asociados a la gestión pública, que explican el fenómeno ocurrido: la ausencia de infraestructura física adecuada, bien sea a través de facilidades portuarias o de vías de acceso a otras regiones, da cuenta del pobre desempeño de las actividades tradicionales de producción de bienes.
En cambio, el exitoso desarrollo de la infraestructura eléctrica explica el auge del sector; y el desarrollo de infraestructura de transmisión de datos y telecomunicaciones, da sentido al desarrollo de actividades competitivas en servicios.
En cuanto a factores productivos, es claro que las tendencias indican también las prioridades en el desarrollo competitivo. Sin duda, la acumulación de infraestructura física de transporte (que permita superar las limitaciones en la producción de bienes agrícolas y manufactureros); pero además la acumulación de capital humano, factor clave en la generación de servicios competitivos; el desarrollo de infraestructura para otro tipo de redes (de comunicaciones, de datos) que asociadas a la acumulación de capital humano, consoliden la nueva vocación de la región; y la inversión en ciencia y tecnología, que debe permitir combinar de forma novedosa las factores productivos, para encontrar nuevas maneras de satisfacer necesidades humanas.
Las mediciones de competitividad regional incluyen factores como: fortaleza de la economía; capital humano; infraestructura; ciencia y tecnología; y finanzas y gestión pública. La última medición de la Cepal, indica que Bogotá-Cundinamarca lidera el ranking, seguida por Antioquia. Pero en capital humano e infraestructura, Antioquia tiene, sin duda, una tarea a realizar, en la que deberá concentrar sus esfuerzos.
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