En los museos capitolinos en la ciudad de Roma se organizó una extraordinaria exposición de pinturas del beato Fray Angélico. Desde 1955 en ningún lugar se habían juntado tantas obras de artista toscano.
Causa asombro y a la vez serenidad espiritual ver las obras de este gran maestro del arte sacro en el alba del renacimiento, cuyo nombre de pila fue Guido de Pietro da Mugello, el cual cambió al ingresar a la orden dominica donde comenzó a llamarse Giovanni da Fiesole.
Desde que murió, en 1455 comenzó a ser llamado Beato Angélico, a pesar de que sólo fue beatificado en 1982 por Juan Pablo II.
El apelativo Angélico lo recibió por dos razones: la primera porque decían que sus obras parecían pintadas por ángeles. También por el valor teológico de todas sus pinturas, ya que se inspiraba en la teología de Santo Tomás de Aquino (1225-1274), llamado también el Doctor Angélico.
Este gran pintor italiano supo interpretar varios paisajes bíblicos del Antiguo y Nuevo Testamento, vidas de grandes santos (como San Pedro, San Pablo, San Francisco de Asís, Santa Catalina de Siena, Santo Domingo de Guzmán, entre muchos otros). En cambio nunca quiso pintar un autorretrato porque prefería pasar desapercibido.
Pintaba muchas veces por encargos para la contemplación y la meditación privadas. Obras como el martirio de San Esteban y San Lorenzo, que pueden apreciarse en la Capilla Nicolina, situada cerca de la Capilla Sixtina en los Museos Vaticanos y pintada por encargo del Papa Nicolás V.
El color dorado, presente en la mayoría de sus obras, así como la gracia y serenidad de sus rostros, son elementos que le dan ese toque sacro que muchos admiran.
La oración y las lágrimas acompañaron varias veces sus obras. Oración porque siempre rezaba antes de comenzar a pintar. Lágrimas porque cuando pintaba pasajes como la agonía o crucifixión de Jesús, comenzaba a llorar debido a su inmensa bondad y sensibilidad espiritual.
Pintó en varios momentos la Anunciación del Ángel Gabriel a María. La más importante se encuentra en el Museo del Prado en Madrid. Otra anunciación muy conocida se halla en el Convento Santa María de las Gracias en Milán y pudo apreciarse en la muestra de los Capitolinos.
Debajo de este gran retablo se encuentran en formato más pequeño algunas pinturas que muestran otros pasajes posteriores de la Virgen María: su boda con José, la visitación a su prima Isabel, la adoración de los pastores y la presentación de Jesús en el templo.
El beato Angélico interpretó también en otras pinturas a María en momentos más cotidianos. Cargando al niño, abrazándolo. Muchas de ellas reciben el nombre de "La madre de la humildad".
Su tumba se encuentra en la basílica Santa María Sopra Minerva en Roma. La cual está también engalanada con algunos de sus frescos. El Papa Juan Pablo II, en el motu proprio que escribió por su beatificación, aseguraba que sus obras "son fruto de suma armonía entre la vida santa y la fuerza creadora que actuaba en él".
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