En la Placita de Flórez usted encuentra el mejor sancocho en el restaurante Pachanga, la mejor arepa de chócolo en el Sótano y tiene la opción de comprar las frutas y verduras más frescas y las flores más bonitas traídas de Santa Elena.
Incluso puede encontrar las yerbas que le ayuden a curar el mal más grave porque, como dice Ana Yepes, lo importante es hacer los riegos, los baños y tomarse las bebidas muy disciplinadamente y "tener fe".
Aunque no es médica ni su establecimiento es un consultorio, los que no vienen con la receta llegan a preguntarle la cura para todo tipo de enfermedades y dolores.
Defiende su actividad y el valor que tienen las plantas medicinales afirmando que la droga tradicional alivia un mal, pero crea otro.
Ana, sin trabajar con propiedad raíz, le ayuda a vender la casa o apartamento, por más pegado que esté. "Hay yerbas para todo".
Patrimonio de la ciudad
Ana, de 72 años de edad, ha estado casi toda su vida metida en los pasillos y galerías de la más tradicional plaza de la ciudad, la misma que hoy celebra 120 años de existencia. Desde los 12 años acompañaba a su padre que tenía un puesto, y al que le mentía diciéndole que no tenía clases para que la llevara.
A la plaza y al trabajo que realiza allí desde hace 60 años le debe todo, pues gracias a él pudo levantar a sus 12 hijos, dos de los cuales la acompañan hoy en su labor.
"Llegaba con mi padre a las 2:00 de la mañana y extendía tres costales con los que reservaba los puestos a otros señores que me pagaban dos centavos por cada uno", cuenta Ana, sentada en su silla organizando plantas, mientras uno de sus muchachos le mete unos billetes en el delantal que lleva puesto.
- A mi esposo le mandaron un tratamiento para eliminar, pero no le ha dado resultado. ¿Qué le doy?- le pregunta una señora que se arrimó por un costado del puesto.
-Déle dienteleón y colecaballo que es muy bueno para los riñones, para las infecciones renales, en general- le recomienda Ana, con la propiedad de quien tiene el saber.
Josefina Yepes, es otra cliente de la Placita y de Ana, desde hace un año que llegó de San Andrés de Cuerquia a vivir en Belén Rosales. "Aquí uno encuentra de todo y el bus me deja en la puerta".
Josefina dice que la gente de los pueblos acredita muy bien la Placita, "que las carnes y las verduras son muy frescas... por todo. Hoy vine donde doña Ana porque tengo un dolor en la cadera".
Placita de Flórez y de flores
Recuerda Ana que la plaza no se llamaba Placita de Flórez, sino de Buenos Aires, y que estaba ubicada en un callejón contiguo a una sede de la Universidad de Antioquia, que funcionaba a un costado de la actual edificación, a la que fueron trasladados en 1953, cuando Empresas Varias de Medellín la construyó.
"Esta era una casa donde funcionaba un orfelinato, propiedad de un señor Rafael Flórez, quien lo hizo desocupar y tumbar y donó el lote para la Placita", recuerda Ana y agrega que debido a eso se le dio el nombre Placita de Flórez.
Aclara que fue una coincidencia que después se convirtiera en un tradicional punto de venta de flores traídas por los campesinos de Santa Elena y San Cristóbal.
"Primero venía mucho campesino del Oriente, especialmente de Marinilla, que traían pollos y gallinas, encostalados y colgados de varas", dice Ana.
Albeiro Cardona lleva 35 años en la Placita, atendiendo en el restaurante que le dejó como herencia su mamá, y aunque añora la época boyante, cuando todos los ricos de Medellín mercaban allí, asegura que sigue siendo una plaza muy visitada, especialmente, entre las 6:00 y las 8:00 de la mañana.
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