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HISTÓRICO
Bellas aladas vuelan en el San Juan Bosco
  • Bellas aladas vuelan en el San Juan Bosco | Manuel Saldarriaga | A las salidas de campo, que permitieron obtener las muestras para la investigación, también asistieron los padres de familia.
    Bellas aladas vuelan en el San Juan Bosco | Manuel Saldarriaga | A las salidas de campo, que permitieron obtener las muestras para la investigación, también asistieron los padres de familia.
Daniel Rivera Marín | Publicado el 28 de mayo de 2011

Con las manos apoyadas en las rodillas, acurrucada, y con sus ojos verdes como la hoja que mira, atentos a una majestuosa mariposa que ignora la presencia humana, la niña se deja sorprender por la naturaleza.

Al lado de lo que parece un castillo del renacimiento, con su ladrillo que ha sufrido el paso del tiempo, pero que con dignidad se mantiene firme, el proyecto La magia de las mariposas, educando en el amor a la vida y para la vida, respira.

Cobijado por una malla negra, lo que parece un jardín, es guardado de la polución que toma vuelo en Belén desde que llegó la industria.

Es un tímido mariposario que le da verde a ese muro naranja del colegio San Juan Bosco.

La idea se le ocurrió a María Orfi Salgado Orozco, investigadora de la institución, y bióloga de profesión y convicción. Ella no hace nada que atente contra la naturaleza, no tiene celular y metió al colegio en el proyecto natural.

En 1991 creó y dirigió en la institución el club científico. Una suerte de semillero de investigación que se dedicó a las ciencias naturales, formando a los estudiantes para llegar a la universidad con fundamentos metodológicos.

Hasta 2002 todo fue normal, sin variedad. Sin embargo, ese año, una niña llegó hasta donde María Orfi con una hoja de la que colgaba una pupa. La profesora dejó en observación la parte de la planta y a los cinco días una mariposa rompió la crisálida y estiró las alas.

Y para ella fue como una luz cegadora. Ese evento iluminó la misión vocacional de la docente, quien en ese momento pidió un lote a la rectora para hacer el mariposario.

Entre 2003 y 2007 se hizo un acondicionamiento del lugar. Se sembraron plantas hospederas y nutricias para que cuatro especies de mariposas habitaran allí.

En el proyecto se involucró toda la comunidad educativa hasta hoy. Por los senderos de tierra pasan las niñas abonando las plantas, cuidándolas para que esas hadas que parecen con alas de azúcar, se mantengan y regalen equilibrio a ese pequeño ecosistema que respira en un sector gris.

Investigación para mostrar
Como si fuera poco, en 2008 decidieron hacer de la investigación un proceso más formal. Una especie de expedición Humboldt en el Valle de Aburrá.

"Hicimos un inventario de todas las especies de mariposas que encontramos en todo el territorio. Nos demoramos tres años haciendo esa investigación".

El resultado fue quijotesco, así como el proceso, en el que no solo participaron la profesora y las estudiantes, también estuvieron presentes los padres de familia. Todos agarraron mochila y cámara y se fueron a recorrer el área rural de la ciudad.

Encontraron 256 especies, de las cuales se conocerán 126 en un libro que publicarán en octubre y cuyo contenido estará en español e inglés.

Además de las alegrías que produce la academia y el conocimiento del mundo natural que nos circunda, este proyecto fue reconocido como Experiencia significativa en el Premio Medellín la más educada.

Ganaron 11.845.000 pesos. Con ese dinero harán otro libro del que ya están terminando la investigación. El tema: identificar las plantas hospederas y nutricias del área metropolitana.

El proyecto trasciende las paredes de ese imponente castillo que se disfraza de colegio. Para este último trabajo también contaron con la participación de los padres de familia.

Mariana del Toro, estudiante de noveno grado en el San Juan Bosco, dice en medio de risas que su papá disfruta más de las salidas rurales que ella.

En todo este tiempo ella ha aprendido como nunca. Con total facilidad dice los nombres científicos de las mariposas, que no son nada fáciles, pues al escuchar esa unión de sílabas, queda la sensación de ignorancia que dejan los trabalenguas.

Al igual que Mariana, Juliana Cardona y Salomé Penagos, ambas de 11 años y de quinto grado, se les refleja en los ojos la felicidad cuando hablan del proyecto.

Ellas tienen la responsabilidad de cuidar y abonar la tierra en el mariposario todos los miércoles de 3 a 5 de la tarde.

Muchas de las niñas sueñan con ser biólogas. Pero a Orfi, como le dicen los estudiantes, lo que más la llena de alegría, es ver como las niñas se preocupan por cuidar y mantener el medio ambiente.