Cuando iba a salir del colegio no sabía qué estudiar, si Licenciatura en Música o Licenciatura en Biología y Química. El llamado a juglar le corre por la venas, esa tradición oral y armónica que en los costeños se hace más palpable de piquería en piquería. Al final, ese don complementó las ganas de descubrir el mundo de la naturaleza.
Hijo de un ingeniero electrónico que en ocasiones impartía su conocimiento a aficionados en la materia, Boris Vargas Torres tenía porque ser un creyente ciego en la pedagogía. Pero nacer en Ciénaga de Oro, Córdoba, lo convirtió en un eterno enamorado de las historias bien contadas al compás de unos buenos acordes.
A la educación llegó entonces por llamado, pero a la Escuela Normal Superior de Amagá por casualidad, porque el tenía claro que quería enseñar en una vereda de su departamento y en ese momento lo llamaron de la institución.
Hoy, unos cuantos años después y lejos de esas tierras de calor, arena y apellidos árabes, Boris, un hombre alto, que demuestra timidez con su sonrisa y ademanes, es el único profesor por Antioquia que está preseleccionado para el premio Compartir al Maestro.
Sin embargo, antes de llegar a la Normal Superior, el profe se dio cuenta, cuando trabajaba en Sonsón, de que los estudiantes tenían dificultades para aprender de manera correcta los nombres científicos de los animales o de los fenómenos naturales, por lo que solo usaban la palabra cosa o cualquier otro sustantivo para referirse a éstos.
Y ya en Amagá, con mucho más detenimiento, montó el proyecto "La lectura de textos científicos como estrategia para enseñar Ciencias Naturales".
El objetivo que el profesor buscaba, en su practicidad de relator de historias educativas, era que los muchachos encontrarán aplicaciones reales y concretas de la ciencia por fuera del contexto formal de la clase, "porque a ellos se les enseña de átomos y fenómenos naturales, pero eso lo ven muy lejano".
Adrián Antonio Marín, estudiante de décimo grado, empezó en el proyecto desde séptimo. Cree él que con este método el aprendizaje se hace mucho más simple, porque son ellos mismos, a través de la lectura, quienes están encontrando la educación y lo que necesitan saber.
"Buscamos los textos en los diferentes medios de comunicación, y todos tienen que ser relacionados con lo que estamos viendo en clase".
Y es que por medio de ocho preguntas, los menores se enfrentan a la información que les ofrece el texto. Ellos, como una especie de investigador o hermeneuta, se sumergen en las letras y buscan toda la información posible.
Al principio tenían que acudir a los diccionarios y las enciclopedias para aclarar conceptos, hoy, los de décimo manejan un discurso más nutrido.
Con su acento costeño, el profe, no oculta su alegría cuando sus estudiantes hablan con propiedad del tema, como sucede con el pequeño Héctor Alexánder Cano, de 12 años, que cuando habla arrastra la ese, quien ya tiene un blog en el que postea sus ideas y reflexiones, imitando el mismo trabajo que Boris tiene, pues su programa también cuenta con un blog en el que explica y sube contenidos.
Se nota que los estudiantes quieren al profesor, le toman del pelo y le hacen pequeñas bromas con cierto aire de respeto. Es una especie de relación de doble vía, ambas partes se conocen.
"Este proyecto ha sido muy bello, porque nos ha permitido ofrecerles a los muchachos otro tipo de educación en la que ellos son parte activa. Hay muchos pelaos con historias difíciles: abuso, maltrato, drogas y desplazamiento, pero aquí han encontrado otra opción".
Para los alumnos de Boris, la alegría empieza cuando se abren los libros. En ese momento los sueños invaden el salón de clases, donde futuros académicos aprenden.
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