Que yo esté acá*, en Canadá, se lo debo en gran parte al azar. Los paros en la Universidad de Antioquia me bajaron la moral y decidí suspender mis estudios en odontología. La situación era difícil. En esa época -los ochenta y noventa- uno estaba acostumbrado a vivir con la violencia, pero no con la falta de oportunidades.
Mientras decidía el rumbo que iba a tomar, dos caminos se me atravesaron: al ofrecimiento que me había hecho una tía para que me viniera a Canadá se le interpuso la idea de estudiar Telecomunicaciones en la Universidad de Popayán. Fue como tirar una moneda al aire y me la jugué con la primera de las dos que resultó.
De eso hace 17 años y ahora que miro hacia atrás veo el largo trayecto que recorrí, no siempre en línea recta.
Para que me dieran la visa tuve que estudiar dos años en el Sena para obtener un certificado como asistente de taller y los primeros tres años en Canadá fueron muy difíciles. Mis primeros empleos fueron en una fábrica y después en un bar barriendo y sacando la basura.
Después seguí un consejo y me puse a estudiar para arreglar televisores aún cuando no dominaba el idioma. Un día el decano de la facultad me dijo que yo era el peor estudiante que había tenido, que no perdiera mi tiempo ni les hiciera perder el de ellos y que me retirara. Me fui muy deprimido, casi sintiéndome un inútil.
El promotor de los inmigrantes
Hoy, ya saltados los obstáculos más duros, soy feliz en este país.
Estudié lo que siempre quise y nunca me creí capaz de hacer: comercio internacional. Me gradué con honores y recibí varios premios a la excelencia. Aún estoy pagando la deuda de mis estudios pero valió la pena.
Estoy doblemente satisfecho porque alterno hace nueve años mi trabajo como director de Promoción de Exportaciones para E.U. del Ministerio de Comercio Internacional e Inversiones de Ontario, con programas para resaltar todo lo bueno que hacemos los hispanos por este país en mi tiempo libre.
Fundé en el 2001 la primera asociación de profesionales colombianos, he organizado conferencias para que nos conozcan mejor y creé el programa de los 10 hispanos más influyentes en Canadá.
Este último evento ha mejorado nuestra imagen. Es patrocinado por Scotiabank, el banco más internacional de Canadá, el jurado son los medios de comunicación y cerca de 500 asistentes eligen a los ganadores.
Nosotros los expatriados tenemos el deber de ayudar. La crisis financiera nos está golpeando duro y conozco muchos compatriotas en situaciones precarias.
Lo más triste de todo es que somos los más calificados. Un estudio de la agencia de estadísticas de Canadá, que hizo gratis para un evento que organicé, señala que los índices de educación son más altos en la comunidad hispana que en la canadiense. Y, lastimosamente, que los hispanos y los negros tienen los ingresos más bajos.
Yo he corrido con mucha suerte pero no es así siempre. Por eso le aconsejó a las personas que sigan los pasos que les trace el corazón, sea acá o en cualquier parte del mundo, pero que se preparen, que se vengan con un muy buen nivel de inglés y que se bajen de la nube, porque las oportunidades no les caerán del cielo.
* Mauricio Ospina
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