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HISTÓRICO
Carta al Presidente Uribe
  • Andrés Felipe Arias | Andrés Felipe Arias
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Andrés Felipe Arias | Publicado el 06 de agosto de 2010

Señor Presidente, después de tantos años de dar batalla a su lado, y habiendo conocido mucho de su ser, quiero decirle ¡Gracias!

Gracias por su entrega. Usted nunca descansó, ni un domingo. Ni siquiera tomó vacaciones; ni en Colombia ni en el exterior. Porque aún cuando se retiraba unos días a su finca, soy testigo de que atendía filas de ciudadanos desde el amanecer hasta la noche. En medio de la enfermedad y el agotamiento siempre laboró. Nunca se quejó. Y nunca se detuvo en su afán de trabajar por todos nosotros.

Gracias porque Usted recibió un país despedazado. Una Colombia oprimida por el terrorismo y la mafia. Una Colombia empobrecida y sin oportunidades, producto de la sangre que todos los días derramaban las Farc, el Eln, paras y mafiosos. Una Colombia sumida en el desastre social, la pobreza, el desempleo, la anarquía, el desorden y, sobre todo, el temor. Mejor dicho, Usted se atrevió a recibir un Estado fallido.

Gracias porque hoy nos devuelve una Colombia segura y libre. Una Colombia sin Raúl Reyes , sin Tirofijo , sin Trinidad , sin Martín Caballero , sin el Negro Acaci o, sin Iván Ríos y sin la maldad de Karina. Una Colombia sin el terror de Mancuso, Jorge 40, Berna y compañía. Nos devuelve el derecho sagrado a la vida y la libertad.

Gracias porque hoy nos devuelve un país próspero y de oportunidades. Una nación con la inflación más baja de la historia, con 2 millones de nuevos y mejores puestos de trabajo, con vigorosos flujos de inversión, con una bonanza minera a la vuelta de la esquina y con transformaciones sociales -especialmente en salud y educación- nunca antes vistas. Es decir, nos devuelve ese país que hoy es deseado, elogiado y respetado desde casi todos los rincones del mundo. No nos devuelve tres huevitos. Nos devuelve un país grande, respetado y libre.

Gracias porque mi hija va a vivir en un país como el que Usted ha forjado. Mi hija, como todos los niños de Colombia, podrá crecer, trabajar, progresar y ser feliz en este país. Eso, hace unos años, hubiera parecido imposible. Ella, gracias a Usted, pertenece a la primera generación de colombianos sin memoria del terror y con un sueño viable de progreso.

Gracias por su calidad humana. Usted nunca permitió que las dificultades o irritaciones terminaran en maltrato a los demás. Siempre amable, mirando a los ojos, saludando por el nombre y entregado a cada ser humano que se le cruzaba. Siempre afectuoso con los colombianos, desde el más humilde hasta el más pomposo; y de manera genuina porque lo sentía. Usted nunca discriminó y siempre vio en cada colombiano un alma que lo inspiraba a servir, sin condiciones.

Gracias porque siempre fue justo, leal y valiente. Nunca me dio un mal ejemplo y siempre fue vertical.

Claro que libró mil batallas; al fin y al cabo ese es el destino de los héroes. Pero lo hizo con transparencia, nobleza y con cartas por encima de la mesa, como todo un caballero. Aun cuando la minoría rabiosa jugaba sucio y trapero, Usted siempre preservó la integridad. Defendió como gladiador su obra y su equipo; su honestidad y claridad se lo permitieron.

Presidente: Dios lo bendiga. Haber servido a su lado, al lado de un héroe, ha sido mi mayor honor. El eco de su ser, que ya retumba en el corazón de todos los colombianos, alivia un poco la tristeza de verlo partir. Hoy el Palacio de Nariño lo despide. Pero la historia y la eternidad le dan la bienvenida. Gloria y honor a Usted.