Entra el año en su tercio final y parece que las cosas van demasiado rápidas. Un asunto, otro; un acontecimiento, el otro. El ritmo es frenético y todo se encarga de que sea así, veloz, sin tiempo de digestión.
No ha salido un dispositivo móvil cuando la competencia anuncia uno diferente y viene la contrarréplica. Y así se pasan los días y a duras penas hay tiempo para pensar o mejorar nuestras relaciones.
Hace unos meses un turista español nos decía que "vosotros sí tenéis vida. Nosotros tenemos que luchar cada vez más por tener algo".
¿Será? Los días agitados son para todos. La invasión tecnológica y la infinidad de desarrollos diarios, sumadas las noticias de toda clase de un mundo que parece haber crecido más de la cuenta, hacen que todo sea más veloz. Y en medio de tantas carreras, frustraciones y logros, pasa otro año y viene la pregunta: ¿somos felices? ¿Cuál es la fórmula, si existe, para ser más felices en estos tiempos?
En 1943 el psicólogo Abraham Maslow propuso la pirámide de los ingredientes de la felicidad, una jerarquización de las necesidades humanas.
La base estaba construida por necesidades básicas, como alimentación, sueño y sexo, luego seguridad, amor y pertenencia y en la cúspide la autorrealización. Aquellos que tuvieran satisfechas esas necesidades serían más felices.
Este año Ed Liener y colegas profundizaron en esa pirámide y analizaron datos de 123 países de la encuesta mundial de Gallup de 2005 a 2010, con preguntas sobre dinero, vivienda, seguridad, apoyo social, sentirse respetado, la experiencia de emociones negativas y positivas y muchos aspectos.
Encontraron que el cumplimiento de las necesidades más básicas -dinero, vivienda o comida- estaba más ligado a una evaluación positiva de la vida, la forma como la persona medía su vida en una escala de peor a mejor. La satisfacción de necesidades más altas -apoyo social, respeto, autonomía- estaba más relacionada con el disfrute de la vida: tener más sentimientos positivos que negativos.
Se halló que la gente siente mejor su vida cuando otros también tienen sus necesidades satisfechas, lo que sugiere que la satisfacción no es solo asunto individual.
Otra investigación reciente, mostró que la libertad y la autonomía personal son más importantes que el dinero, un estudio en 63 países de Victoria University en Nueva Zelanda. "El dinero ayuda a la autonomía, pero no suma en sí a la felicidad", dijeron los investigadores.
Sonja Lyubomirsky, psicóloga de la Universidad de California, reconoce que a pesar de que hasta la genética influye en la felicidad, se pueden fortalecer ciertas prácticas para ser más felices, independiente de factores fuera de nuestro control. (Algunos han identificado pautas que conducen a la infelicidad: la mentira, la violencia, el robo, la trampa, los vicios y malos hábitos, el acoso, el culto a la belleza, el estrés, el juego, el chisme).
Las prácticas que sugiere Lyubomirsky son: 1. Ser agradecido; 2. Ser optimista; 3. Contar los logros todos los días; 4. Usar las fortalezas; 5. Ayudar a los demás.
Maullido: Comenzaron las campañas políticas y escucha uno cada sandez. ¡Qué infelices!
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