Lo primero que hace Eliana cuando llega a estudiar es pasarle un trapo a los zapatos y así le quedan limpiecitos.
Después de ese ritual diario con el que borra las huellas de una caminata que todos los días le toma una hora, sube al segundo piso del colegio a toda carrera para empezar las clases.
La jornada para esta adolescente de 17 años empieza a las 5 de la mañana, a esa hora canta el gallo en la finca en la que vive y en ese preciso momento Eliana se levanta, "porque hay que llegar con tiempo al colegio".
La institución
Desde el filo de una montaña del corregimiento San Sebastián de Palmitas, donde queda la Institución Educativa la Suiza, solo se ven cultivos: plátano y café. Además, extensos pastizales donde las vacas lecheras rumian una y otra vez.
Allá arriba hace un frío calador al que los niños le hacen el quite jugando fútbol, mientras que Eliana, chaqueta encima, se sienta frente a un computador y empieza a estudiar.
Ya en el salón, el silencio lo invade todo, cada uno de los muchachos que están entre los 11 y los 17 años, buscan frenéticamente la información en sus ordenadores, unos van directamente a la página de Google y otros miran las guías que los profesores les ofrecen.
Eliana apenas está en séptimo porque donde vivía no había colegio, y lo dice con timidez, a la vez que reconoce que cuando llegó al cibercolegio le dio muy duro estudiar con un computador, porque nunca había utilizado uno.
"Antes todo lo hacía con papel y lápiz", y mientras dice eso saca de su bolsillo un pequeño artefacto y continúa, "pero ahora tengo esto", una memoria USB que le regalaron en el programa y en la que se lleva toda la información para la casa, ya después consigue quien le preste el computador para ver la información.
El proceso de formación
Todos los muchachos están monitoreados, así, la coordinadora de la sala, que para el caso de la Institución Educativa la Suiza es Gloria Granda, sabe todo en lo que se ocupan los muchachos, por eso nadie se atreve a salirse de lo que dicta en clase.
Lo primero que se hace cuando los estudiantes llegan por primera vez al cibercolegio es "abrirles un messenger", porque según Gloria, desde un punto desconocido están conectados los profesores para que los menores estén constantemente asesorados.
El sistema funciona así: en un programa diseñado para atender a los estudiantes, se encuentran todas las materias que estos ven en el año escolar. Ahí, por asignatura, se encuentran los temas que integran el currículo del año, lo que permite que todos tengan acceso a la información y para eso los profesores les dejan talleres y todos los temas explicados en módulos y repartidos en carpetas digitales.
Para Cristian Alejandro Álvarez, un joven tímido de 15 años y que en sus tenis sí evidencia algunas partes destapadas de la carretera y el pantano que formó el invierno de la semana pasada, al sistema virtual de enseñanza es difícil acoplarse, "pero una vez se le coge el tiro eso fluye con mucha facilidad, se aprende demasiado".
Educación contratada
Por medio de los cibercolegios, la Secretaría de Educación de la ciudad atiende a una parte de la población rural dispersa, a la cual llega por contratación con entidades privadas.
Bajo este modelo están contratados por la Alcaldía de Medellín la Corporación para la Investigación y el Ecodesarrollo Regional (Cier), la Universidad Católica de Oriente y la Corporación Cedecis, en total, entre estudiantes regulares y extraedad se atienden 1.332 personas.
El cibercolegio es una estrategia utilizada por la Universidad Católica de Oriente, por medio de la cual se atienden 55 menores en edad escolar y 120 en extraedad y adultos.
La Secretaría de Educación señala que en las zonas rurales la cobertura es del 100 por ciento, y para todos los que quieran estudiar hay una estrategia idónea.
Por ahora, Cristian y Eliana tienen la educación básica asegurada, siguen aprendiendo todos los días sobre los computadores y ese mundo que apenas exploran, algunas veces con avidez, para otros muchachos el tema es temeroso, pero como dice Gloria, ahí van.
Cristian sueña con estudiar filosofía y Eliana ante la pregunta responde con mucha sinceridad, "ahí si no sé, me corchó, porque a la universidad nunca he ido".
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