Luis Izquiel, un profesional colombiano con más de 30 años de residencia en Venezuela, no se ha planteado regresar a su país, pero como muchos otros asalariados, graduados universitarios o no, está tomando previsiones para mudarse del país si fuera necesario.
Por ahora la mayor de sus tres hijos desandó el camino y se mudó a Bogotá. No lo dudó cuando la empresa para la que trabaja, Cysco System, le propuso expatriarla. La segunda está preparando sus maletas para radicarse en Canadá. "Mientras se destruya la inversión privada aumenta el desempleo y la violencia", reflexiona Izquiel.
Hace 30 años o más era común encontrarse con historias de colombianos que habían cruzado la frontera con Venezuela en búsqueda de paz y un mejor futuro. Por eso hay cerca de 4 millones de colombianos en este país.
La crisis económica -la inflación acumulada hasta mayo es del 14,2 por ciento- las trabas para comprar dólares debido al control de cambios y la inseguridad están provocando que muchos se estén planteando regresar.
El mercado colombiano también es atractivo para los venezolanos. El pasado domingo el diario El Universal publicó los perfiles de actores, actrices y periodistas que se han instalado en Bogotá en busca de las oportunidades que este país les niega. El cierre de Radio Caracas Televisión ha restringido la producción de telenovelas.
En el sector de clase media profesional, que adversa al presidente Hugo Chávez, no hay perspectiva de futuro. Y de eso tampoco escapan los colombianos y los hijos de colombianos.
En las décadas de 1970, 1980 e incluso de 1990 trabajar como doméstica en Venezuela les permitía a las mujeres colombianas ganar mucho más dinero. El cambio les favorecía. Entre 1964 y 1983 la moneda venezolana era sólida, se cotizaba a 4,30 Bs por dólar. Para los colombianos era atractivo venir a Venezuela. Hoy la tortilla se ha volteado.
Desde que en 2003 entró en vigencia el control de cambio en este país, los envíos de dinero al exterior deben realizarse a través de organismos estatales, mediante un proceso para el que se exigen cada vez más documentos y pagos.
Una mujer de servicio en Caracas, que trabaje interna de lunes a sábado, puede devengar en promedio 2.000 bolívares (US$ 769 al cambio oficial de 2,6 bolívares por dólar). Pero si decide saltarse los engorrosos trámites y acudir al mercado negro -en el que un dólar se cotiza en ocho bolívares- ganaría apenas US$ 250 (481.250 pesos).
Según las disposiciones legales, desde Venezuela sólo se pueden enviar un máximo de 600.000 pesos mensuales.
Los problemas han aumentado desde que el presidente Hugo Chávez "congeló" las relaciones con Colombia debido al acuerdo que firmó el gobierno de Álvaro Uribe para permitir a Estados Unidos el uso de bases militares colombianas.
Desde entonces, el Gobierno colombiano ha reiterado su preocupación por las "arbitrariedades" de las que son víctimas sus ciudadanos en Venezuela e incluso emitió una advertencia sobre los riesgos de viajar hacia allí.
"Hay que estar muy agradecido con Venezuela, pero la situación ha empeorado mucho", dice Izquiel. "Las empleadas domésticas y la mano de obra especializada está regresando porque no tiene oportunidades", agrega.
Los empresarios están resistiendo un poco más debido a lo cuantioso de sus inversiones. Por ahora enfrentan una difícil situación.
El Gobierno decidió sustituir las importaciones colombianas por las provenientes de Brasil o Argentina. Y las trabas para repatriar las ganancias cada vez son mayores.
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