HONESTIDAD. En Colombia, como en muchos países del mundo, cuesta mucho trabajo ser honestos por el ambiente de corrupción que se vive, donde a veces se alienta y hasta se elogia la deshonestidad, razón que hace conveniente hablar de honestidad.
Esta virtud consiste en llevar una vida acorde con la ley natural, y para los creyentes ceñida a las normas establecidas en los diez mandamientos de la ley de Dios.
La familia es el lugar donde debe cultivarse la honestidad y para que se obtengan frutos deben cumplirse algunos propósitos: aceptar y acatar de buen modo las disposiciones de las autoridades; no engañar a nadie; no actuar jamás contra un principio moral; no hacer trampa en el juego, o colarnos para ingresar a un espectáculo o servicio público; jamás alterar o falsificar un documento, por buenos que sean sus fines; ser leal en toda competencia, reconociéndolo cuando se pierde.
En el campo religioso no olvidar que la violación a sabiendas de una ley humana o un precepto divino es pecado.
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