El retiro de cerca de 10 mil soldados estadounidenses de Afganistán en el transcurso de este año, que anunció en un esperado discurso, anoche, el presidente Barack Obama, marcará el comienzo del final de la guerra más larga de la historia del país norteamericano.
Casi diez años después de los combates que iniciaron en Afganistán, en respuesta a los ataques del trágico 11 de septiembre de 2001, el mandatario de E.U. anunció a sus compatriotas que terminará la guerra de "manera responsable".
Es decir, a través de un repliegue escalonado que comenzará con la salida de los primeros 10 mil efectivos a partir de julio. La meta es triplicar dicha cifra antes de septiembre de 2012.
El jefe de Estado precisó que la totalidad de las tropas estará fuera del país asiático para el 2014, en coincidencia con lo aprobado por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) en noviembre del año pasado.
En la alocución, que se extendió por espacio de 12 minutos, Obama planteó una estrategia que, según expertos, logró un punto medio entre dos visiones radicales frente a la presencia militar en Afganistán.
De un lado estaba la puja del estamento militar y del secretario de Defensa saliente, Robert Gates, por una retirada gradual y reducida y, de otro, la posición de algunos congresistas demócratas que aprovecharon la coyuntura electoral que vive el país para insuflar el sentimiento antibélico.
Y es que el factor político aparece, cada vez más, como un factor inherente a los discursos provenientes de la Casa Blanca.
Fernando Javier Cvitanic, experto en relaciones Islam-Occidente de la Universidad de la Sabana, confirió a la estrategia planteada por Obama un elemento electoral. Afirmó que el retiro de las tropas es una promesa de campaña que le faltaba cumplir al mandatario que hoy se encuentra en campaña para lograr su reelección.
"Que mueran soldados norteamericanos trae costos electorales altos, pues la mayoría del pueblo norteamericano no entiende muy bien lo que pasa en Afganistán, muchos de ellos ni siquiera saben en dónde queda", afirmó el catedrático.
Según la agencia de prensa Efe , las tropas de E.U. han sufrido 1.632 bajas desde el inicio de la ocupación en 2001.
Escepticismo
Contrario a lo anunciado por el presidente Obama, quien basó su decisión en lo que llamó "avances significativos" en la consecución de las metas trazadas en el país asiático, expertos coincidieron en que Afganistán está siendo abandonada a su suerte.
Cvitanic planteó que el conflicto podría fortalecerse, pues el Gobierno de Hamid Karzai, presidente afgano, hoy es cuestionado por su falta de poder más allá de Kabul, la capital. "Además, los talibanes se han fortalecido en muchas zonas del país", dijo.
El analista manifestó su escepticismo pues duda que la formación militar y el apoyo armamentístico brindado, hasta ahora, por Estados Unidos a las fuerzas armadas locales sea suficiente para que éstas puedan mantener el control del territorio.
No obstante, el general Zaher Azimi, portavoz de la cartera de Defensa afgana, se mostró seguro de poder cumplir las metas.
"Las fuerzas de seguridad afganas están preparadas para cubrir el vacío", aseguró ayer en una rueda de prensa frente a medios locales.
Desde julio de este año, el ejército afgano tendrá que garantizar la seguridad en siete distritos y provincias consideradas como poco conflictivas, pero se enfrentará al reto de conseguir armas que faciliten su tarea.
Hay que recordar que los talibanes usaron contra E.U. las armas que les facilitaron en 1979, lo que alimentó la desconfianza del país norteamericano a la hora de aprobar ayudas militares.
Hasan Turk, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Antioquia, afirmó, por su parte, que el retiro escalonado busca encubrir una derrota ya sufrida por los británicos en el siglo X y los rusos a finales de los 70.
"E.U. no se va a retirar como lo hizo Rusia: agachando la cabeza. Lo hará lentamente, por orgullo y para que no parezca que abandona a su suerte al Gobierno afgano", concluyó Turk.
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