Según informaciones de comercio exterior, las exportaciones de Colombia a Venezuela en el 2009 cayeron 2.042 millones de dólares, y en lo corrido del año están disminuyendo un 70%, fenómeno atribuido al impacto de la crisis económica mundial y a las restricciones de entrada de productos originarios de Colombia.
Las deudas por ventas ascienden a 786 millones de dólares y el 60% de la cartera supera los 360 días de mora; situación calamitosa para nuestra economía que obliga a buscar nuevos destinos de la producción interna y mitigar el impacto que nos ha generado la dependencia de ese mercado.
En el extremo panameño, tenemos que si bien las exportaciones de Colombia a Panamá registraron 318 millones de dólares en el 2008 y 570 millones para el denominado Triángulo Norte Centroamericano (Guatemala, Honduras y Salvador, cuyo TLC ya está aprobado), más Nicaragua y Costa Rica, conforman un enorme potencial por explotar, pues se trata de una población cercana a los 28 millones.
No obstante Panamá estar identificado como el país de segundo destino de los inversionistas colombianos con inversiones superiores a los 1.700 millones de dólares a partir del 2000, bien diferente sería la cifra si las empresas exportadoras del país tuvieran vías marítimas y terrestres hacia Centroamérica; parece increíble que en tiempos de la globalización económica aún no se haya concretado una solución de continuidad de la vía Panamericana en el sector del Darién si tan sólo faltan 148 km: 90 en Colombia y 58 en Panamá.
La ruta del Darién inicialmente seleccionada y confirmada en el 96 por un estudio que evaluó alternativas técnicas, económicas y ambientales, recomendó: El tigre-Lomas Aisladas-Palo de Letras-Yaviza como la de menor impacto y costo; construir la vía elevaría la balanza comercial en billones, facilitaría el control de la guerrilla y la selva y una primera etapa consistiría en utilizar transbordadores entre el Golfo de Urabá y el puerto de Colón en Panamá.
Esta propuesta permitiría ofrecer al mercado centroamericano bienes y productos colombianos por este medio a costos de transporte mínimos y competitivos; se trata de ensayar con poca inversión, una etapa que permita confirmar su factibilidad económica y cuando los volúmenes de intercambio comercial se incrementen, atrás quedarán los sofismas y argumentos que han esgrimido los fundamentalistas ambientales contra el desarrollo de la mejor esquina.
Es urgente, entonces, empezar a abrirle al país mayores oportunidades de negocios, un plan estratégico que diversifique mercados en Centroamérica, en países que ofrecen un acceso preferencial permanente para la mayor parte de la producción y que corresponden a economías altamente compradoras que no tienen la rigidez ni las barreras arancelarias de las americanas o europeas.
He aquí un tema para debatir, distinto al de ocuparnos en discusiones inocuas sobre el estado de salud de los candidatos o de las encuestas sobre los resultados de sus alianzas.
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