Faltaban 30 minutos para arrancar el partido cuando empezó la “locura” colectiva en el estadio Metropolitano. En ese momento salió al gramado, por primera vez en la era de Leonel Álvarez, la Selección de Colombia y el público, con un aplauso que duro casi siete minutos, les agradeció el gesto a los jugadores de haber escogido a Barranquilla para jugar la Eliminatoria.
Uniformados con la camiseta amarilla en su mayoría, ya que por ahí había uno que otro vestido de vino tinto, los cerca de 45.000 aficionados se pusieron de pie, y empezaron a derrochar ese calor humano que le sirvió al combinado patrio para contagiarse del positivismo que se necesitaba para enfrentar a Venezuela.
Mientras los aficionados del común hacían bulla con las trompetas, palmas, pelucas del Pibe (que no faltan), caras pintadas y lucían pancartas que identifica la presencia de varias regiones del país en el estadio, tres personajes competían por el lugar del hincha fiel y el amuleto de la buena suerte.
El tradicional Cole, aquel que vio clasificar tres veces a Colombia en “Curramba”, quiso tomar la delantera pronosticando que “sobrarán los goles y mi país volverá a ganar y se la vacilará”. Y con su pinta voladora y una cancha de icopor ubicada en su cabeza hizo público el optimismo de la multitud con el mensaje que decía “si vamos al 2014”.
Robándole seguidores con una vestimenta enternecedora apareció el Pulpo, un espectador cucuteño que llegó a la capital atlanticense cargado de ilusiones. Armado de una réplica dorada de la Copa Mundo se protegió de la lluvia con sus “tentáculos” y alborotó las gradas de occidental asegurando que “es muy lindo ver a mi Colombia otra vez en casa y estoy seguro que acá vamos a celebrar muchas veces y clasificaremos de nuevo”.
El aguacero que imperó en los primeros minutos del compromiso no apagó las trompetas ni evitó que el Gordito de Oro, el otro fan del combinado patrio, hiciera su show con su vestuario, el corte y una bandera gigante que ondeaba a la perfección gracias a un libreto mental que elaboró desde Nueva York, de donde viene cada que juega “el equipo de mi país, el que ganará todos los partidos que tendrá en Barranquilla como hacia Italia-90”.
Sin el colorido de sus compatriotas, pero con la misma emoción, apenas empezó el partido y feliz porque “los arroyos me dejaron venir a ver este equipazo” se encontraba Sandy Hernández un barranquillero de 15 años que se tomó fotos al lado del Cole y no cabía de la dicha porque por “primera vez en mi vida veo en el Metropolitano y me tocó ver ese golazo de Guarín. Ese man si la tiene claro cuadro, había que pegale de una para volver a cantar los goles y seguir buscando el Mundial”.
Esa anotación tempranera de Guarín fue la excusa ideal para que el Cole, el Pulpo, el Gordito de Oro y Sandy anticiparan públicamente la apertura del carnaval de Barranquilla, que tradicionalmente se festeja en febrero, pero con el baile de cumbia en las graderías y el concierto de fútbol ofensivo en la cancha lo anticiparon para empezar a gozar y seguir soñando con el regreso al Mundial.
Al final, la gente salió aburrida con el 1-1, más que la lluvia y el mal estado del terreno, estaban tristes por el pobre desempeño del elenco, en especial de su ídolo, Teo Gutiérrez que quedó en deuda.
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