No sobra insistir en el tema: los gobernantes que salen deben tener delicadeza para no dejarles a los entrantes todo el presupuesto y la nómina ya comprometidos.
Se sabe de casos de contratistas y funcionarios que se retiraron este año de la Gobernación de Antioquia para participar activamente en una campaña electoral, y una vez perdieron, fueron inmediatamente enganchados otra vez. No es ilegal, pero es muy diciente de la concepción ética que hubo en el manejo de la cosa pública.
Los gobernantes que llegan tienen no solo el derecho, sino la obligación, de mirar todo con lupa, y contarle a la ciudadanía qué encuentran: lo bueno, lo malo y lo feo.
Esa costumbre nefasta de firmar contratos y nómina hasta la medianoche del día anterior a la entrega del mando es nociva para la democracia, para el buen gobierno, para la política misma. Que impere, pues, el buen juicio.
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