Los contrastes de la vida: mientras a las 27 familias damnificadas del invierno en el barrio Santander, de Medellín, les llovió ayuda, a doña Ángela Osorio, de La Maruchenga, afectada por la misma creciente, ni siquiera la había visitado el Clopad.
Su pecado: La Maruchenga pertenece a Bello y aunque su casa queda pegada a las 27 de Santander, el Simpad de Medellín no la puede auxiliar porque no reside en la capital.
"Es triste que a esta hora (12:15 del mediodía) ni siquiera haya venido el Clopad a ayudarme", decía Ángela mientras mostraba los estragos que la quebrada La Madera hizo en su casa: le tumbó la puerta, se coló en las piezas y buscando salida le tumbó los techos y se llevó muebles, televisor y nevera. "Me dejó en la ruina y acá vivimos diez personas, pedimos que la Alcaldía de Bello nos visite", clamó desesperada.
Fue lo mismo que la cañada hizo en Santander, pero allí sí llegaron el Simpad y otras dependencias del gobierno local a brindar atención.
"Trajimos mercados y estamos evaluando las pérdidas, que en bienes muebles fueron totales, el agua se llevó colchones, camas, electrodomésticos, pero no hubo que evacuar casas", afirmó Carlos Ruiz, inspector y coordinador de apoyo.
Claro que esta creciente por poco deja una víctima, que habría sido la señora María Jiménez, a cuya vivienda se metió La Madera y mientras arrasaba con computador, televisor, muebles, nevera y todo lo demás, también se la quiso llevar a ella.
"Sentí que me tapó el agua, me tumbó boca arriba y pude salir cuando mis nietas me ayudaron", relató la señora.
Una de las heroínas fue Wendy Sánchez, quien al ver que el agua se llevaba a la abuela, "me tiré con mi prima Karen y la cogí".
En esta vivienda se perdió todo, "pero mi mamá quedó viva y es lo importante", afirmó su hija Licinia, un poco resignada ante las pérdidas.
Contrario a ella, Marta Cáceres vivía el drama que le dejó el aguacero del martes en la tarde, cuando la quebrada La Loca se salió de madre y se llevó su casa con enseres y todo.
Ella, con Yenni y Nelson Restrepo, habitan un inmueble de tres pisos en la carrera 67 No. 25BB-92, del barrio París (Bello), que quedó en serio peligro de caer y el desalojo se ve inminente.
"Pero no tenemos a dónde ir y ni siquiera han venido a vernos de la Alcaldía", dijo Yenni, que ya había enviado cartas advirtiendo del riesgo, pero nadie le paró bolas.
Ahora quedaron al garete: sin casa y suplicando una ayuda oficial que salvaría de la intemperie a tres adultos y 7 niños, diez vidas anegadas en el llanto y el olvido.
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