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Damon: un lavador compulsivo

EL FIN DE SEMANA se estrenará en Colombia Contagio, una película del director Steven Soderbergh. Matt Damon, su protagonista, habla de la trama y de por qué después de encarnar el papel no para de lavarse las manos.

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    Damon: un lavador compulsivo |
23 de octubre de 2011
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Uno pensaba encontrarse con el Matt Damon habitual, de pelo frondoso, alto, con la figura que lo ha llevado a ser considerado uno de los actores más sexis de Hollywood. Pero no, cuando entra al salón de conferencias del Hotel Four Seasons de Beverly Hills luce se pelo al rape. No hay una sola hebra de cabello en su cabeza. Y todos se quedan mirándolo como si acabara de llegar un marciano.

Después nos enteramos que esa apariencia hace parte de las exigencias para su nueva película al lado de Neill Blomkamp -el mismo de Distrito 9-. Entre las grabaciones, entonces, ha sacado tiempo para promocionar Contagio , la película que se estrenó el 9 de septiembre en los Estados Unidos, dirigida por su amigo y director de cabecera, Steven Soderbergh.

Damon interpreta a Mitch Emhoff, quien en los primeros cinco minutos de la película pierde a gran parte de sus seres queridos debido a un letal virus que se esparce por el mundo. El relato, hiperrealista, es según sus propias palabras "para llamar la atención sobre una inminente pandemia que afectará al mundo entero".

¿Por qué hacer una película como ésta? Y, en todo caso, ¿cómo hacerla sin asustarse?

"Yo pasé de ser despreocupado con los gérmenes a ser? una especie de 'lavador compulsivo de manos'. Después de hacer una película como ésta, cambia un poco tu perspectiva sobre el trato de las enfermedades. Pero sin paranoia, sólo siendo más consciente. Nada, creo que estamos haciendo lo que tenemos que hacer. Yo vivo en Nueva York y cuando regreso de jugar en el parque con mis hijos, simplemente hago que se laven las manos. Si algo pasara grave probablemente llamaría a Steven (risas). En el día a día, sigo pensando que los gérmenes son una buena cosa, quiero que mis hijos crezcan al aire y haciendo cosas, no cuidándose todo el tiempo".

¿Qué te hizo hacer parte de una película así, un poco alejada de los papeles recientes como la Dinastía Bourneo El Informante?

"Tenía altas expectativas con esta película cuando me llamó Steven para uno de los papeles. Y ya sabemos cómo son las películas con él, yo acababa de filmar El Informante y esta es mi sexta colaboración con él, así que me pareció fabuloso estar. Cuando me mandó el guión por primera vez para leer vino con una nota que decía: míralo y luego lávate las manos (risas). Estaba encantado con la historia y con mi papel, quería saber lo que iba a pasar en las otras líneas. Me pareció balanceada, interesante, me atrapó desde el principio. Si veo una película que parece que será buena y puedo ser parte de ella, yo encantado. Y después de ver la película, me alegro de haber sido parte, trabajar con Steven me hizo fácil el decir que sí".

¿Qué hace a Steven Soderbergh un director distinto de los demás?

"Siempre me ha gustado su estilo para trabajar y lo hablo con muchos otros directores con los que he trabajado y están muy interesado en el estilo de Steve. Todo está centrado en la cámara y alrededor de la cámara. Me gusta porque la energía de las filmaciones está concentrada en las escenas, no hay villas de filmación o cosas alrededor que le quiten la sustancia a eso, no hay cultura de relax en torno al trabajo. Todo el mundo está enfocado en su trabajo, para mí siempre es muy divertido hacer las tomas y ver como él las resuelve. Mirar el número de tomas, cuál es la mejor forma de hacer la escena o volverla más interesante, como encontrar la forma de hacerla honesta pero a la vez única. Y al final del día, ver la escena cortada en un cuarto de hotel, es como hacer un película en el patio de tu casa con amigos. Es genial".

¿Y cree que es posible que esto pueda tener una salida optimista en el futuro?

"Creo que soy optimista. Y creo que siempre me hago la pregunta cómo puedo ayudar a crear ese futuro mejor. Ahora, la realidad que muestra la película, con un tejido social que se desintegra ante la tragedia, es muy posible más allá de todo optimismo: si la vida de tu hijo depende de lo que vende un señor detrás de un mostrador de una farmacia y no lo puedes conseguir por las buenas, es muy posible que la gente pierda el control.

La película muestra saqueos como una evidencia de ese descontrol y toda la antropología social que ha investigado esos temas señala que el punto límite en el que detona la violencia social ante la crisis es mucho más bajo de lo que uno piensa".

Pero cree que inevitablemente esto ocurrirá en el futuro cercano

"Sí, sin duda. No sé si tan grave, pero sí algo similar".

¿Qué reto en lo profesional le dejó hacer esta película?

"Fue un reto, pero también porque me ayudó a desarrollar cosas que hace rato no hacía. Por ejemplo en la escena cuando me informan que mi esposa ha muerto, investigamos con varios médicos cuáles eran las reacciones a ese tipo de noticias y así lo hice.

De hecho, en el guión estaba escrito que el médico me decía a mí: "Lamento informarle que su esposa ha fallecido" y nos dimos cuenta que en realidad el protocolo para este tipo de noticias es "Su esposa ha muerto" y que muchas veces las reacciones son distintas, unos lloran, otros se ponen nerviosos y otros simplemente no escuchan. A mí me gustó esa última forma, porque era algo diferente".

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